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lunes, 10 de enero de 2011

¿Soportaremos la persecución? ¿Daremos la vida por Cristo?

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(Así como narra el Libro de Los Hechos,
son muchos los cristianos hoy quienes
sufren persecuciones, torturas y cárceles
por el simple hecho de predicar de
forma pública su fe en Jesucristo)


Aquí en occidente estamos acostumbrados a escuchar evangelios enfocados en la prosperidad, en el bienestar material. Que Dios nos bendiga con casas hermosas, autos cómodos, familias saludables, libertad financiera y toda clase de ilustraciones y cuadros ideales. Gran parte de las oraciones de muchos van dirigidas a crear ese mundo ideal que tanto sueñan. Mientras muchos crean sus mundos ideales hay una iglesia que sufre las persecuciones y pagan el precio de servir a Cristo. En lugares como India, los creyentes están siendo perseguidos, asesinados, sus iglesias quemadas y huyen a los montes para salvar sus vidas. En Sudan, los cristianos son mutilados, encarcelados y objeto de toda clase de males. Lo mismo sucede en Arabia Saudita, Egipto, Pakistán, y China. En aquellos lugares son muchos los que están dando sus vidas por Cristo. En cambio, acá en occidente nos encontramos enajenados y creando toda clase de cuadros ideales y fantasiosos. Me pregunto, luego de tanta idealización de “prosperidad material” y de mundos ideales, cuando venga la persecución, ¿daremos la vida por Cristo?


Entonces Jesús dijo a sus discípulos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame. Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí, la hallará. (Mateo 16:24-25)


Pero antes de todas estas cosas os echarán mano, y os perseguirán, y os entregarán a las sinagogas y a las cárceles, y seréis llevados ante reyes y ante gobernadores por causa de mi nombre. (Lucas 21:12)


Acordaos de la palabra que yo os he dicho: El siervo no es mayor que su señor. Si a mí me han perseguido, también a vosotros os perseguirán; si han guardado mi palabra, también guardarán la vuestra (Juan 15:20)


Si sufrimos, también reinaremos con él; Si le negáremos, él también nos negará. (II Timoteo 2:12)


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