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viernes, 25 de marzo de 2011

Gran expectación mundial

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(Escena luego del tsunami de Japón el 11 de marzo de 2011)

La situación mundial de los terremotos y tsunamis tiene a todas las naciones en gran expectación. Un escenario lamentable que nos afecta a todos por igual. Sin embargo, todas estas cosas ya estaban preanunciadas en la Sagrada Biblia. Se nos dice que estos sucesos serían señales que la segunda venida de Jesucristo estaría a las puertas.


Entonces habrá señales en el sol, en la luna y en las estrellas, y en la tierra angustia de las gentes, confundidas a causa del bramido del mar y de las olas; desfalleciendo los hombres por el temor y la expectación de las cosas que sobrevendrán en la tierra; porque las potencias de los cielos serán conmovidas. (Lucas 21:25-26)


El mismo Dios que anuncia todas estas cosas fue el mismo quien también nos dice:


Seguid la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor. (Hebreos 12:14) (Éxodo 28:36)


El ha dado mandamientos en su Palabra que nos dicen la manera como lavar nuestros vestidos para alcanzar la salvación. No se trata de imponer nuestros deseos, intereses, caprichos, gustos, elección y cosas semejantes a estas sino moldearnos nosotros a Dios para que sea él quien moldee nuestra vida a su semejanza.


Bienaventurados los que lavan sus ropas, para tener derecho al árbol de la vida, y para entrar por las puertas en la ciudad. (Apoc. 22:14)


¿Cómo saber si tenemos derecho a entrar? Además de aceptar al salvador tenemos que alejarnos de toda cosa torcida o que ensucie nuestra vida:


¿No sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No erréis; ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los que se echan con varones, ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los maldicientes, ni los estafadores, heredarán el reino de Dios. Y esto erais algunos; mas ya habéis sido lavados, ya habéis sido santificados, ya habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesús, y por el Espíritu de nuestro Dios. (I Corintios 6:9)