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lunes, 21 de noviembre de 2011

"¿Lo prometes?". -"Sí, lo prometo."

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Existe una alarmante estadística que muestra muchísima gente que una vez se pararon frente a un altar y delante de Dios juraron frente a muchos testigos entregar su amor y su fidelidad al que escogieron para unirse en matrimonio, rompieron sus pactos sagrados. Un hombre y una mujer hacen toda clase de juramentos. Permanecer unidos en buenas y malas, en prosperidad en escasez, así como superar todo obstáculo junto. Pasado un tiempo, cuando vienen las crisis, se separan por diferentes razones. Surgen toda clase de pretextos y excusas para no seguir juntos. Luego se pone la mirada en otras personas como la salida a lo que creemos es la solución de nuestro problema. Luego el ciclo se repite una y otra vez, dejando evidente que el problema no es externo sino interno. En vez de culpar a otros, miremos a nuestro interior y tornemos nuestros caminos a Dios, pues el problema probablemente no sea nuestra pareja sino nosotros mismos. "Cuando a Dios haces promesa, no tardes en cumplirla; porque él no se complace en los insensatos. Cumple lo que prometes." (Ecl. 5:4)