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viernes, 5 de febrero de 2010

¿Creamos todo alrededor con nuestra boca o es Dios quien crea o deshace?

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¿Los creyentes alteramos el mundo físico con el poder de la lengua incubando cosas en la mente y halándolas a la realidad por medio de las palabras? ¿O dirigimos al rey nuestra oración para que nos de las respuestas?


No encuentro un solo texto en la Biblia en el cual sea el hombre el que usurpe el lugar de Dios para crear todas las cosas por medio de la Palabra hablada. En cambio, los ejemplos bíblicos nos invitan a creerle a Dios, confiar en él para que sea él quien obre.

Uno de los textos esgrimidos por los defensores de la super fe lo es:

La muerte y la vida están en poder de la lengua,
Y el que la ama comerá de sus frutos. (Prov. 18:21)

Algunos piensan que este texto justifica el que el hombre decrete audiblemente a modo de orden a su ambiente ya que promueven que el poder emana de la voz del hombre la cual afectará la realidad. Es decir, que la fe se resume en crear un cuadro en la mente, para luego hablarlo de tal forma que el mundo físico cambie.

Usted dirá, ¿Pero acaso no es eso de lo que habla la Biblia? La respuesta es no. La Biblia de lo que habla es de dirigir al Padre, nuestro ruego y clamor en el nombre de Jesús y por medio del Espíritu Santo para hacerle conocer la razón de nuestra petición.

Nunca la fe bíblica se trata de la creación de cosas por medio del poder de la mente. Sino que se trata del poder de Dios liberado cuando el hombre clama a él con fe. Clamar a Dios y esperar en su respuesta es muy diferente a creer que todo lo que incubamos en nuestra mente será la realidad. Clamamos a Dios, para que todo lo que Dios decida darnos se haga realidad. Rogamos a Dios con la fe y la esperanza que atienda nuestro clamor y nos de la respuesta. Oramos de manera persistente esperando que Dios responda, pero eso dista mucho de la "fe moderna" que ostenta ideas de todopoderío...

Entonces, si el proverbio 18:21 no le otorgar un todopoderío a las palabras, ¿qué significado tiene? Dice:

La muerte y la vida están en poder de la lengua,
Y el que la ama comerá de sus frutos.

La vida = Guardar nuestra lengua del engaño y de la maldad, hablar justicia, y cosas honestas.

La muerte = Hablar engaño y maldad, hablar injusticia, y cosas deshonestas

Esto es muy diferente a la enseñanza moderna que deifica las palabras.


No vi a Job decretando ni declarando un mundo ideal cuando perdió la salud, los hijos, los bienes terrenales y demás, en cambio lo vi esperando en Dios conociendo que es Dios quien hace o deshace.

Tampoco vi a Pablo decretando un mundo diferente cuando estuvo preso, azotado, perseguido, calumniado, vituperado y aún con un aguijón en su carne. En cambio, lo vi rogando a Dios que contestara su petición y lo llevara al otro lado. (II Corintios 12:7)

Tampoco vi a Timoteo decretando cosa alguna a causa de sus múltiples enfermedades, en cambio lo vi siguiendo adelante confiando en que el poder de Dios obraría y lo llevaría adelante. (I Timoteo 5:23)

Mucho menos vi a Jesucristo creando cuadros mentales de un mundo redimido como si se tratara de el producto de un milagro de la mente humana o de la palabra hablada sino que lo vi sumiso delante del Padre esperando y clamando que se hiciera su voluntad. (Lucas 22:42)

Romanos 4:17 nos dice que Dios: "llama las cosas que no son, como si fuesen". Siendo que es Dios quien lo hace a él debemos clamar para que sea el quien obre, pero el hombre no debe creer que los milagros suceden a causa de usurpar el lugar de Dios.

Los "amigos" acusadores de Job pretendían ocupar el lugar de Dios. Dice:

Heme aquí a mí en lugar de Dios (Job 33:6)

Una de las cosas que más Dios aborrece es la soberbia. Dios está cansado que el hombre pretenda ser lo que no es. Afirman y dicen: "dice Dios", cuando Dios no ha hablado.

El lugar del creyente nunca es igualarse a Dios sino a mirarlo con respeto y reverencia reconociendo que Dios es el grande y el hombre es sólo una criatura necesitada de misericordia.

A ti alcé mis ojos,
A ti que habitas en los cielos.

He aquí, como los ojos de los siervos miran a la mano de sus señores,
Y como los ojos de la sierva a la mano de su señora,
Así nuestros ojos miran a Jehová nuestro Dios,
Hasta que tenga misericordia de nosotros.

Ten misericordia de nosotros, oh Jehová, ten misericordia de nosotros,
Porque estamos muy hastiados de menosprecio.

Hastiada está nuestra alma
Del escarnio de los que están en holgura,
Y del menosprecio de los soberbios. (Salmo 123)


Dios no deificó las Palabras de la manera que los religiosos lo hacen hoy:

Job afirmó:

“Si hablo, mi dolor no cesa; y si dejo de hablar no se aparta de mí” (Job 16:6)

En cambio, hoy usted verá como los religiosos afirman: "decrete, cree, incube y reciba todo lo que usted desea por medio de la Palabra hablada".

Sé que los temas que escribo no son del agrado de muchos religiosos, pero la Biblia a lo que nos exhorta es a ir a Dios en humillación y una actitud reverente y hacerle conocer todas nuestras peticiones de las cuales Dios dará respuesta si es su voluntad. Nunca se trata de un logro humano sino de un hecho de la misericordia de Dios.

Creo en Dios, creo en su poder sobrenatural actuando a favor de los hombres, pero también creo que hay un sólo Dios ante el cual todos debemos pedirle con reverencia.

Tampoco

Tampoco la respuesta a nuestra oración es el resultado de un desglose minucioso o detallado de lo que queremos como si se tratara de un milagro que se logra por el conocer humano de esto o aquello, sino que se trata de cuánto Dios conoce sobre los asuntos de nuestra vida.

Y a Aquel que es poderoso para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos, según el poder que actúa en nosotros, (Efesios 3:20)

Somos propiedad de Dios, por lo tanto Dios hará y dará de acuerdo a sus riquezas en gloria.

Clama a mí, y yo te responderé, y te enseñaré cosas grandes y ocultas que tú no conoces (Jeremías 33:3)

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