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domingo, 30 de octubre de 2011

El reino de Dios y su justicia versus las añadiduras

No os afanéis, pues, diciendo: ¿Qué comeremos, o qué beberemos, o qué vestiremos? Porque los gentiles buscan todas estas cosas; pero vuestro Padre celestial sabe que tenéis necesidad de todas estas cosas. Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas. (Mateo 6:31-33)

¿Cuál es el reino de Dios?

El reino de Dios es toda aquella bendición celestial que proviene del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo y que abarca todas las áreas del hombre, principalmente lo que compete a su santificación en espíritu, alma y cuerpo. Es la realidad de Dios expresada hacia los hombres por medio de Jesucristo, donde Dios viene a ser nuestra vida, anhelo y meta y donde él se hace cargo de suplir todas las demás cosas. Es esa obra redentora en la cual Cristo nos ha introducido a ser herederos de las cosas celestiales.

¿Qué sucede cuando un hombre busca el reino de Dios?

Cuando un hombre busca el reino de Dios, se esfuerza por escudriñar la Palabra de Dios de principio a fin. Se esfuerza por obedecer la Palabra de Dios. Entra en comunión con Dios en ayuno y oración. Tiene sumo cuidado en poner en práctica los mandamientos de Dios que son para santificación. El hombre se aleja de toda avaricia, adulterio, fornicación, maledicencia, hurto, robo, perversiones, maldades, iniquidad, blasfemia, idolatría, inmoralidad, herejías, extorción, incredulidad, ocio, pereza, necedad, engaño, pleitos, enemistades, celos, envidia, iras, contiendas, lascivia, libertinaje, amargura, odio, murmuración, chantaje, chisme, locura, vanagloria de la vida, vanidad, soberbia, exaltación del ego, falsa religiosidad, lujuria, infidelidad, borrachera, falta de sabiduría, y todas aquellas cosas que la Biblia identifica como impiedad. El reino de Dios es un fruto que se recibe cuando recibimos a Cristo en nuestra vida y nos desprendemos de la impiedad.

El reino de Dios como meta

Cuando un hombre tiene como meta hacer la voluntad de Dios y ocuparse en su santificación, Dios mismo se hará cargo de todas las demás cosas que el hombre necesita en esta vida. Esas son las añadiduras.

¿Cuáles son las añadiduras?

Las añadiduras son todas aquellas cosas que no son esenciales para tu salvación, pero son necesarias para vivir. Aquí entra nuestro techo, abrigo, comida, transporte, vestimenta, dinero y cosas semejantes a estas. Dios promete que si le buscamos y hacemos su voluntad, él se hará cargo de todas estas cosas. Recuerde que la voluntad de Dios es que el hombre trabaje, dé lo mejor de si y se esfuerza. Obviamente cuidando su testimonio frente al mundo. Cuando un hombre entiende esto, no tiene porque preocuparse, porque Dios es quien lo prospera.

El lamentable enfoque moderno en las añadiduras

El afán humano y la necesidad hacen que muchos pierdan el enfoque de sus vidas. El dinero no puede ser nuestro enfoque de vida, tampoco nuestras casas, ni cosa material alguna. El enfoque siempre tiene que ser Cristo y nuestra santificación en el hacer la voluntad de Dios. Tampoco el hombre puede caer en la trampa de pretender utilizar la verdad como fuente de ganancia. Es decir, ya Dios ha dicho que él se encargará de todas nuestras necesidades. Él lo ha dicho y él lo hará, por ende, ocupar la mayor parte de nuestro tiempo pidiendo añadiduras lo que demuestra es una inmadurez y falta de sabiduría en el pedir. Hay muchas cosas por las cuales pedir para santificación nuestra y para salvación de nuestro prójimo. Ocupar nuestro tiempo en pedir toda clase de cosas terrenales en realidad es tiempo que no usamos en pedir lo que conviene. Recuerde, Dios tiene cuidado de nosotros y nos dará más de lo que pedimos o entendemos. Si usted se libera del afán de la vida y de la corriente materialista de los hombres, y se esfuerza por hacer la voluntad de Dios, irá en prosperidad sin tener que estar haciendo espectáculos demandando que dinero le llueva del cielo de forma milagrosa como hacen muchos en este tiempo.

Cuidado con la avaricia

La avaricia moderna hace que los hombres encuentren insatisfacción en las cosas pequeñas de la vida y procura medirse entre los hombres que han alcanzado cosas sublimes en la tierra. La avaricia hace que los hombres entren en competencia unos con otros. Hace que la gente se mida por los bienes materiales que posee o que acapara en sus manos. Jesús advirtió sobre esta maldad. Lamentablemente hoy, son muchos los púlpitos quienes han perdido el foco. Han dejado de predicar lo principal, para ir en pos y predicar de lo secundario. Convierten a Cristo en un pretexto para ir en pos de vanidades. Como dice Santiago, piden y no reciben, porque piden mal, para gastar en deleites. LA PROSPERIDAD DEL HOMBRE NO LLEGA CUANDO UN HOMBRE HACE UNA ORACION PARA LIBERAR SUS FINANZAS, LA PROSPERIDAD DEL HOMBRE LLEGA CUANDO OBEDECE EN PLENO A CRISTO Y SU PALABRA. Esto es muy diferente a la voz que se oye en los pulpitos moderno que dicen: “Yo declaro libertad financiera para ti hoy…” Cuidado. Tampoco la prosperidad llegará de forma instantánea, ni siquiera por medio de una oración milagrosa para liberar finanzas, sino que la prosperidad será el resultado de un proceso de crecimiento y enseñanza, esto conlleva obediencia, tiempo y esfuerzo.

Amigo, corre por tu vida, busca la voluntad de Dios en santificación y lejos de la corriente moderna.