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domingo, 6 de diciembre de 2009

¿Es ésta la fe de la que habla la Biblia?


¿Qué opinan ustedes?

En tiempos modernos se ha estado ventilando en multitud de púlpitos de iglesias la denominada “teología de la prosperidad”. Dicha “teología” rebusca en toda la Biblia textos que apoyen la idea que los creyentes o cristianos tienen aseguradas las riquezas terrenales en todos los sentidos en esta tierra presente. De esta manera tienden a juzgar y evaluar a las personas que carecen de recursos económicos como si se tratara de gente que están bajo alguna maldición o pecado “que no los deja prosperar”. De la misma manera que los amigos de Job rebuscaban en el pasado de Job alguna razón por la cual culparle por las diversas crisis que le sobrevinieron, de esa misma manera, los promotores de la “teología de la prosperidad” juzgan e incomodan a los pobres para hacerles creer que sus crisis son el producto de su poca fe o de algún otro aspecto provocado por ellos mismos.


Tenemos el caso del hombre de negocio que teniendo su buen sueldo y su buen trabajo dentro de una compañía, de repente se ve sentado en una iglesia escuchando las propuestas de los promotores de la “teología de la prosperidad”. El hombre que vivía de manera moderada y a quien no le faltaba nada, de pronto comienza a escuchar las nuevas propuestas que hacen los “maestros” de la “fe”.


Dicen los “maestros” de la fe:


Usted no nació para ser empleado de nadie, sino jefe. Dios no quiere que usted esté oprimido por un jefe molestoso, sino que Dios quiere que sea usted el que tenga los empleados bajo de usted.


–Tú eres un hijo de un rey, por lo tanto, cosas de la realeza tendrás en esta tierra. Usted no tiene porqué andar en un carro viejo, Dios tiene para usted el mejor de los autos modernos. Dice la Biblia, que Dios “te pondrá por cabeza y no por cola”-Dt. 28:13. Eso significa que tu destino no es el ser empleado de nadie sino jefe.


Frente a estas propuestas de los promotores de la “teología de la prosperidad” el hombre de negocios que estaba contento con su salario y que cumplía responsablemente con el suplir para su hogar de repente se comienza a llenar la mente de otra clase de ideas. Cosas como: “Dios quiere que yo sea jefe y no empleado”, “no puede ser la voluntad de Dios el que yo esté trabajando en este lugar”, “Dios tiene mejores y mayores riquezas para mí que esto que tengo actualmente”, “Iré en búsqueda de mis sueños”.


De pronto, el hombre de negocio se siente impulsado por un espíritu de “prosperidad” al que considera la fe que ha recibido. Ese “espíritu de prosperidad” lo conduce a renunciar al buen empleo que poseía. Le entrega la carta de renuncia a su jefe y el jefe lo mira sorprendido y le dice:


–Pero, ¿estas seguro de lo que estás haciendo? –le pregunta el jefe.

–Claro, en mi iglesia me dicen que mi destino es ser jefe y no empleado. El ser empleado no es la perfecta voluntad de Dios para mí. Dios tiene cosas grandes y mejores. –le contesta el hombre.

–Bueno, no creo que te estuviera oprimiendo en tu empleo, pero si esa es tu decisión de renunciar la aceptaremos. –contesta el jefe.


Inmediatamente el hombre de negocios va tras el “sueño” que le han inculcado en su iglesia.


–Sólo tienes que declarar que lo tienes y lo tendrás. Confiésalo y recíbelo. Dios contesta las oraciones que son específicas. Es decir, haga una lista de lo que quiere, escríbalo en un papel, péguelo en su nevera y repítalo día a día. De esta manera incubará su deseo dentro de usted y al cabo de unos meses se le convertirá en una realidad. Pero no se olvide de visualizar lo que desea. –dice el pastor de la iglesia.


El hombre de negocio comienza a seguir las instrucciones. Hace su lista de pedido y la pega en su nevera. Como si fuera poco, sigue las instrucciones de aportar grandes cantidades de dinero al que la iglesia le pone por nombres pactos de siembra y de cosecha.


–Aporte $100 y reciba $1,000. Aporte $1,000 y reciba $10,000. Yo le creo a Dios. ¿Le cree usted? Yo creo que Dios le devolverá el dinero en menos de noventa días. ¿Quién tiene fe? –pregunta el pastor.


El hombre de negocio impulsado por esta nueva clase de fe se levanta de su asiento y deposita $1,000 como un “pacto de fe y ofrenda”. Inmediatamente el hombre va a la casa de sus padres e hipoteca todas las propiedades de sus familiares. Es decir, la casa de su abuelo enfermo, la casa de sus pobres padres, la casa de su tío muy anciano, la casa de sus otros familiares quienes tienen problemas graves de salud. Hipoteca todo, excepto su propia casa.


Cuando los familiares le cuestionan sobre quien pagará la hipoteca, el hombre de negocio señala hacia arriba asumiendo que es Dios quien pagará sus compromisos terrenales.


El hombre de negocio crea su propia empresa donde se coloca a si mismo como jefe de otros. Tiene empleados y tiene el tiempo libre para hacer lo que desea. En este momento, está seguro de la decisión que recién ha tomado de renunciar a su buen empleo para emprender su “destino de jefe”. Como si fuera poco, aparecen delante de él muy jugosas ofertas de empleo. Enormes salarios le son ofrecido por realizar un trabajo, sin embargo, rechaza esas buenas ofertas ya que persigue su sueño de ser jefe. Y dentro de cualquier empresa se vería en la encrucijada de ser cola y no cabeza. Así que rechaza tajantemente toda oferta y las ve como una amenaza a su libertad financiera y “camino de fe”.


Pero sucede que en su nueva empresa los negocios no comienzan a marchar como él lo esperaba. Hay más pérdidas que ganancias. El negocio propio simplemente se derrumba. En medio de la crisis económica no le faltan los profetas quienes vienen a profetizarle toda clase de prosperidad e incluso le ponen fechas para el acontecimiento donde afirman que mucho dinero llegará a su cuenta de banco de manera milagrosa.


Es el momento cuando las casas que han sido hipotecadas corren el peligro de ser embargadas. Todas las casas están hipotecadas excepto la del hombre de negocio. El hombre de negocio al no poseer ya su negocio ni tampoco su trabajo se ve en la encrucijada de tener que delegar sus responsabilidades en otros. Es decir, ahora serán otros quienes tendrán que buscar los cientos de dólares de la hipoteca para no perder sus casas. Precisamente, las personas que están muy enfermos y que son pobres son los que se ven en la presión de ser ellos los que tengan que buscar para pagar por el “sueño de fe” del hombre de negocio.


El hombre de negocio sigue creyendo que su destino es ser jefe y no empleado. Aunque las cuentas de deudas comienzan a amontonarse una tras otra, el hombre de negocio se niega a conseguir algún empleo que lo coloque bajo las órdenes de un jefe ya que eso “contradice su fe”.


El tiempo comienza a correr y las necesidades a aumentar, no hay dinero para pagar deudas, hacer compra, comprar medicinas, y demás responsabilidades. Como si fuera poco, personas incapacitadas se ven en la obligación de ser ellos quienes paguen las cuentas del hombre de negocios. Muchos de estos familiares que se han visto en esa obligación están que hierven al ver como se afirma ser cristiano y a la vez se cruzan de brazos.


Los días pasan, es decir años completos y el hombre de negocio aun no ha dado el paso de irse a trabajar. En todo este tiempo, han sido otros los que han tenido que pagarle TODAS sus responsabilidades. Esos otros que han tenido que correr con las presiones y los gastos han entrado en situaciones delicadas de salud y otros se muestran muy incómodos.


Los profetas de la iglesia no han cesado de poner fecha para su bendición monetaria. Las fechas pasan y no aparece el dinero milagroso. Las fechas son nuevamente pospuestas ya que no vieron su cumplimiento.


De repente, el hombre de negocios cambia de idea, ahora afirma que sí está dispuesto a irse de empleado de alguien. Lamentablemente ya las ofertas no están disponibles.


El tiempo pasa, y son otros quienes han tenido que hacerse cargo de lo que se supone sean las responsabilidades del hogar del hombre de negocios. El hombre de negocios sigue esperando “su bendición”. Y son muchos los familiares que están enfurecidos al ver el cruzar de brazos e inactividad del hombre de negocio quien se dedica a “orar y ayunar” esperando que sea Dios quien traiga el dinero que espera.


¿Es ésta la fe de la que habla la Biblia?


¿Promete Dios en su Palabra enviar dinero a nuestras cuentas de banco de manera milagrosa?


¿Promete Dios que hará de los creyentes todos jefes y que nadie será empleado?


¿Afirma Dios en su Palabra que el ser empleado de alguien es estar fuera de su voluntad?


¿Dónde dice la Biblia que para tener fe se debe dejar de trabajar para un jefe para esperar milagros de dinero?


Dice Pablo:


Porque os acordáis, hermanos, de nuestro trabajo y fatiga; cómo trabajando de noche y de día, para no ser gravosos a ninguno de vosotros, os predicamos el evangelio de Dios. (I Tes. 2:9)