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lunes, 18 de enero de 2010

Deseo que tú seas prosperado en todas las cosas, y que tengas salud, así como prospera tu alma

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La prosperidad no es pecado. Dice: Amado, yo deseo que tú seas prosperado en todas las cosas, y que tengas salud, así como prospera tu alma. (III Juan 1:2) Lo que es pecado es ir en pos de cosas que no necesitamos y el estar descontento con lo que tenemos para poner nuestro corazón en lo que no tenemos. En I Tim. 6:7-10 se nos invita a estar contentos con el tener abrigo y sustento y desechar el deseo de enriquecimiento. El ser rico no es pecado, ni tampoco el ser pobre. Un pobre que tiene el corazón puesto en Dios es mas rico que aquel que tiene dinero y descarta a Dios. Dios no tiene como meta el enriquecer materialmente a todos los cristianos, pero aquel que hace buena mayordomía de sus bienes y trabaja, puede prosperar y así puede ayudar a otros. Si se aumentan las riquezas, no se puede poner el corazón en ellas. (Salmo 62:10) El deseo de Dios para los que se enriquecen es que usen esas riquezas para ayudar al que no tiene (Stg. 5:1-3). Si un hombre se enriquece y solo guarda el dinero sin ayudar a nadie, esto es pecado.


Mejor es lo poco con el temor de Jehová,
Que el gran tesoro donde hay turbación. (Prov. 15:10)

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