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sábado, 11 de febrero de 2012

Alza tu voz como trompeta, y anuncia a mi pueblo su rebelión, y a la casa de Jacob su pecado

"Clama a voz en cuello, no te detengas; alza tu voz como trompeta, y anuncia a mi pueblo su rebelión, y a la casa de Jacob su pecado."
(Is. 58:1)

Existe en el mundo cierta clase de predicadores halagadores de palabras, con mensajes “positivos” que al encubrir la verdad bíblica se tornan en negativos y llevan al infierno. Aquellos que se muestran tímidos a la hora de denunciarle al mundo su pecado y rebelión. Aquellos que se dejan intimidar cuando los pecadores defienden su apego al pecado y rechazan la predicación y el llamado de Dios a la santidad. Venden sus mensajes y predicas, para que la gente se sienta cómoda y los escuche y por eso tiene los bolsillos llenos de billetes, pero el cielo vacío. Ese no es el evangelio. Leamos el Libro de Los Hechos y miren como se predicaba, empezando por Juan el Bautista a ver si era un “pasa mano” (Mateo 3:7) (Jeremías 23:9-40) Isaías 30:10 nos habla de los falsos profetas que de lo que hablan es de cosas halagueñas y no le anuncian al pueblo su pecado.


Estas son las razones por las que muchos predicadores guardan silencio y solo hablan bonito y “positivo”:

"Estos son murmuradores, querellosos, que andan según sus propios deseos, cuya boca habla cosas infladas, adulando a las personas para sacar provecho." (Judas 1:16)