CONSÍGUELOS EN AMAZON

viernes, 6 de enero de 2012

El peso del ego

He visto gente que tiene un complejo de superioridad que no están contentos si no sienten que otros los siguen o si no logran alcanzar el grado de atención que ellos necesitan en sus egos. Sin embargo, Cristo dijo que aprendiéramos de él quien es manso y humilde. (Mateo 11:29)

"Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo" (Filipenses 2:3)

Ya la humildad se ha perdido, ahora cada cual busca su propio provecho. ¿Porqué tratar de ser el centro de atención si la atención el que se la merece es Cristo?

"Juan le respondió diciendo: Maestro, hemos visto a uno que en tu nombre echaba fuera demonios, pero él no nos sigue; y se lo prohibimos, porque no nos seguía. Pero Jesús dijo: No se lo prohibáis; porque ninguno hay que haga milagro en mi nombre, que luego pueda decir mal de mí. Porque el que no es contra nosotros, por nosotros es. Y cualquiera que os diere un vaso de agua en mi nombre, porque sois de Cristo, de cierto os digo que no perderá su recompensa." (Marcos 9:38-41)

Cristo siendo Rey de reyes, les lavó los pies a sus discípulos. ¿Qué esperará de nosotros hacia nuestro prójimo? Esta verdad es demasiado alta y sublime que no puede ser alcanzada por corazones pesados llenos de ego. No pueden alcanzar la humildad, ¿cuánto menos la gracia?

Juan el Bautista dijo que los frutos tienen que ser evidentes y de qué manera. De una manera visible de interacción de bien hacia el prójimo, de desprendimiento del yo, para hacerle bien a otros:

"Haced, pues, frutos dignos de arrepentimiento, y no comencéis a decir dentro de vosotros mismos: Tenemos a Abraham por padre; porque os digo que Dios puede levantar hijos a Abraham aun de estas piedras. Y ya también el hacha está puesta a la raíz de los árboles; por tanto, todo árbol que no da buen fruto se corta y se echa en el fuego. Y la gente le preguntaba, diciendo: Entonces, ¿qué haremos? Y respondiendo, les dijo: El que tiene dos túnicas, dé al que no tiene; y el que tiene qué comer, haga lo mismo." (Lucas 3:8-11)

Lamentablemente hoy la óptica de muchos es otra.

¿Se cree alguno religioso y santo?, que lo demuestren sirviéndole al prójimo de una manera sincera, visible, duradera y consistente. Porque de esto es lo que se trata la santidad y la religión. Que empiezen lavando lo pies de todos como Cristo hizo.