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domingo, 6 de febrero de 2011

Cuando el malicioso interés y el favoritismo opaca la koinonía y destruye la iglesia

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La "koinonía" se define como: comunión, compartimiento de la amistad, solidaridad, participación. ¿Qué sucede cuando en vez de koinonía lo que tenemos es jueces injustos?

Hermanos míos, que vuestra fe en nuestro glorioso Señor Jesucristo sea sin acepción de personas. Porque si en vuestra congregación entra un hombre con anillo de oro y con ropa espléndida, y también entra un pobre con vestido andrajoso, y miráis con agrado al que trae la ropa espléndida y le decís: Siéntate tú aquí en buen lugar; y decís al pobre: Estate tú allí en pie, o siéntate aquí bajo mi estrado; ¿no hacéis distinciones entre vosotros mismos, y venís a ser jueces con malos pensamientos? Hermanos míos amados, oíd: ¿No ha elegido Dios a los pobres de este mundo, para que sean ricos en fe y herederos del reino que ha prometido a los que le aman? Pero vosotros habéis afrentado al pobre. ¿No os oprimen los ricos, y no son ellos los mismos que os arrastran a los tribunales? ¿No blasfeman ellos el buen nombre que fue invocado sobre vosotros? Si en verdad cumplís la ley real, conforme a la Escritura: Amarás a tu prójimo como a ti mismo, bien hacéis; pero si hacéis acepción de personas, cometéis pecado, y quedáis convictos por la ley como transgresores. (Santiago 2:1-9)


Abominación son a Jehová las pesas falsas, y la balanza falsa no es buena. (Proverbios 20:23)


El dilema de los jueces injustos es que ellos crean su propio reino (no el reino de Dios) sino un reino dentro de sus mentes donde creen poder admitir o rechazar a quien no cumple sus intereses, beneficios o ideas personales a menudo contaminadas. En vez de puerta, se convierten en muro, en vez de bendición, se convierten en maldición y de obstáculo aun dentro de las iglesias (Marcos 9:42). A menudo, los jueces injustos opacan el sano juicio por medio de la imposición de sus propios intereses y metas por encima de los de Dios. Notemos que el apóstol le habla a la iglesia y no a cualquier asamblea. No sea que creyendo agradar a Dios vengamos a ser reprobados por hacer diferencia entre una persona y otra para sacar provecho.


El apóstol usa el ejemplo de la acepción de personas entre ricos y pobres, entre aquel que tiene dinero y el que no tiene e identifica que juzgar a las personas por sus riquezas es ser juez injusto. La misma verdad se aplica a cualquier otro factor que cree un ambiente de favoritismo sea cual sea la razón.