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martes, 4 de diciembre de 2012

JESUS NO ES UN “ESPIRITU EVOLUCIONADO” COMO AFIRMA LA NUEVA ERA

                 


El Jesús de Nazareth nada tiene que ver con los demonios de la Nueva Era.  Jesucristo no es un “espíritu evolucionado”.  El Jesucristo bíblico es Dios junto con el Padre y el Espíritu. (Creador de todas las cosas porque los tres son uno). Todo lo que existe tanto en el cielo o en la tierra es por mano de estos tres que componen la única deidad verdadera. En un remoto pasado, hubo una rebelión en los cielos, la rebelión de Lucifer. Lucifer era un querubín perfecto quien tenía a cargo la adoración en el cielo. Sin embargo, Lucifer se corrompió a causa de su hermosura. Se vio a si mismo sentado en el trono del Creador. No quería dar gloria a Dios como el Creador, sino que aunque el mismo era una criatura, quería que se le adorara como a Dios. A causa de esto, Dios lo expulsó desde los cielos. Junto con su expulsión vino también la expulsión de muchos otros ángeles que se corrompieron de igual forma que Lucifer. Fue el momento que el reino de la maldad tuvo su origen por la separación de estos ángeles que en un principio eran buenos, ahora eran ángeles rebeldes contra Dios. Estos ángeles no mueren porque vinieron directamente desde los cielos, solo pueden ser aprisionados o encadenados cuando Dios así lo hace con ellos.  Los ángeles rebeldes vinieron a impactar al mundo. Cuando Dios (Padre, Hijo y Espíritu Santo) creó al mundo y creo también al hombre, los ángeles rebeldes pusieron al hombre en el blanco o mirilla de su ataque contra Dios. Destruirían a los hombres porque los hombres son la semejanza de Dios. Es por esto que se narra en el Génesis el suceso de la tentación de la serpiente. De cómo los hombres fueron seducidos por el mal. La naturaleza humana, en un principio perfecto, se llenó de corrupción.  Una vez la naturaleza humana fue manchada con el pecado, se necesitaba la limpieza nuevamente para poder tener comunión con el Creador. En el estado natural caído, el hombre está lejos de Dios, ya que Dios es santo y perfecto y la paga del pecado es la muerte. Se necesitaba una manera de limpiar el alma humana. El hombre mismo no lo podía lograr porque estaba manchado en su totalidad. Es por esto que Dios mismo, Jesús (el Hijo de Dios) vino desde el cielo siendo perfecto y siendo la imagen visible del Dios invisible a llevar a cabo la misión redentora del hombre. ¿Cuál era la misión redentora? Lavar el alma humana para que todo hombre sea salvo. ¿Cuál fue el precio que tuvo que pagar? Siendo perfecto, ser el sustituto o pago por la maldad TOTAL de la humanidad. Es decir, que así como por medio de un hombre el pecado entró en el mundo, de la misma manera, por medio de la obediencia de un hombre (Cristo) todos serian reconciliados en Dios por medio de su obra. ¿Cuál fue su obra? Su obra fue su entrega, muerte y resurrección. De esta forma lavó los pecados de la humanidad. De esta forma, cuando un hombre cree en el, puede ser salvo para Dios. Esta salvación por medio de la fe también conlleva obediencia a la Palabra de Dios en una vida de hacer el bien. Esta verdad, Satán (Lucifer) la esconde de los hombres para que los hombres no sean salvos. Lucifer crea toda clase de mentiras para que los hombres no vean la luz. Una de las mentiras que Lucifer crea es que Cristo no es Dios y que es una simple persona más, alguna clase de “maestro iluminado”. La realidad es otra, la realidad es que Dios no tiene igual, Jesús está a la diestra de Dios y tiene el más excelente nombre, es decir, ante él se tiene que postrar toda criatura, incluso el mismo Lucifer tiene que doblar rodillas delante de Dios. Lucifer no tiene poder contra Dios porque es inferior. Dios tiene el poder para reprender a Lucifer y deshacer sus obras. Un hombre preso del poder de Lucifer puede llegar a ser libre si pone su fe en Cristo. Quien permite que Dios reine en su vida rompe con el reino de Lucifer. Todo lo que el hombre necesita es fe en la obra poderosa de liberación, redención y santificación que Cristo hizo en la Cruz. La salvación consiste en creer que Jesús es el Hijo de Dios y que resucitó al tercer día para darte la salvación.   Si crees esto y te agarras de esta verdad, no hay poder de Lucifer que pueda hacerte daño.
Vea:


Lucas 10:18; Hechos 10:38; Ezequiel 28; Romanos 5; Juan 3:16; I Corintios 6:10; Romanos 10:9; Hechos 16:31; I Corintios 1:30; Mateo 1:21; Colosenses 2:14; Colosenses 1:15-21