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miércoles, 4 de enero de 2012

La humillación, la separación y la oración: Las únicas alternativas para salvar nuestra sociedad

La salvación de la sociedad no la tiene el gobierno, la tiene la iglesia

Nuestra sociedad se hunde en la mundanalidad, en la violencia, en el entretenimiento, en el materialismo, en la indiferencia, en la falsa religiosidad, en los placeres, en vanidades y en el alejamiento de Dios. Las consecuencias de ese camino nos afectarán no solo a nosotros sino a nuestros hijos. La sociedad se hunde en corrupción, en maldad, en un gobierno de mentira que solo vela por sus propios intereses, porque la maldad ha tocado a las puertas de sus propios hogares. Solo el pueblo de Dios puede lograr una diferencia.

Dios ha establecido una salida, una salvación para cambiar el destino de los pueblos. Dice:

"si se humillare MI PUEBLO, sobre el cual mi nombre es invocado, y oraren, y buscaren mi rostro, y se convirtieren de sus malos caminos; entonces yo oiré desde los cielos, y perdonaré sus pecados, y sanaré su tierra." (II Crónicas 7:14)

La humillación envuelve el tornarse a Dios de todo corazón. Es decir, orar, postrarse ante Dios, reconoced nuestros malos caminos, clamar por misericordia, rogarle a Dios que cambie nuestro destino y borre nuestros pecados, suplicarle al Dios del cielo que nos otorgue su misericordia. Envuelve que dejemos de hacer lo malo y comencemos a hacer lo bueno.

"Y busqué entre ellos hombre que hiciese vallado y que se pusiese en la brecha delante de mí, a favor de la tierra, para que yo no la destruyese; y no lo hallé." (Ezequiel 22:30)

Nos conviene volver a la oración, al clamor tal y como está en la Biblia y desechemos toda práctica errada sacadas de evangelios contaminados como: visualización oriental (budismo), cartografías (hechicerías), decretos (poder de la mente) y cosas semejantes a estas. Es tiempo de volver a las raíces, al evangelio sencillo en el cual comenzamos hace mucho tiempo lejos de todas estas cosas, y por el cual hubo un avivamiento al principio. Tenemos que volver a los tiempos cuando el amor era lo importante y la salvación del prójimo realmente era considerado importante. Dios tiene los ojos sobre su pueblo.

Líderes, tienen que ser el ejemplo de amor, de búsqueda y de servicio para que el pueblo que Dios les ha encomendado los vean, aprendan y hagan lo mismo. En cambio, si ven dejadez, prepotencia, y malos ejemplos, esto apaga al pueblo y les desanima en su andar. Líderes, no busquen su propio provecho sino el de las almas. (Is. 56:11; Judas 1:16)

Pastores, les corresponde a ustedes atesorar para sus ovejas y no a sus ovejas para los pastores. Ese fue el mandamiento desde el principio. (II Corintios 12:14) Mientras el pueblo liderato pierde su tiempo haciendo vanos reclamos, son muchas las almas que se pierden a causa de la inactividad y la prepotencia de muchos. Es un llamado a ser atalayas, porque viene el día cuando Dios demandará una respuesta de nuestra boca.

"Hijo de hombre, habla a los hijos de tu pueblo, y diles: Cuando trajere yo espada sobre la tierra, y el pueblo de la tierra tomare un hombre de su territorio y lo pusiere por atalaya, y él viere venir la espada sobre la tierra, y tocare trompeta y avisare al pueblo, cualquiera que oyere el sonido de la trompeta y no se apercibiere, y viniendo la espada lo hiriere, su sangre será sobre su cabeza. El sonido de la trompeta oyó, y no se apercibió; su sangre será sobre él; mas el que se apercibiere librará su vida. Pero si el atalaya viere venir la espada y no tocare la trompeta, y el pueblo no se apercibiere, y viniendo la espada, hiriere de él a alguno, éste fue tomado por causa de su pecado, pero demandaré su sangre de mano del atalaya." (Ezequiel 33:1-6)

Hay que volver a las visitas, al trabajo personal que se fundamenta en el amor. Por el simple hecho que Cristo mismo así lo demostró y lo hizo. (Lucas 19:5) Cristo tiene los ojos sobre su pueblo, él sabe quien trabaja y quien no.

"porque he aquí, yo levanto en la tierra a un pastor que no visitará las perdidas, ni buscará la pequeña, ni curará la perniquebrada, ni llevará la cansada a cuestas, sino que comerá la carne de la gorda, y romperá sus pezuñas." (Zacarías 11:16)

Así como Dios ha repartido candeleros, aquellos que no cumplan el mandato de Dios, les será quitado.

"Recuerda, por tanto, de dónde has caído, y arrepiéntete, y haz las primeras obras; pues si no, vendré pronto a ti, y quitaré tu candelero de su lugar, si no te hubieres arrepentido." (Apocalipsis 2:5)

Desechen toda óptica materialista sobre el pueblo, que lo que importe sea la salvación y no el beneficio económico que reciben. Dejen de mirar al pueblo como una fuente de ganancia. Dios quiere un verdadero convertir.

Por eso pues, ahora, dice Jehová, convertíos a mí con todo vuestro corazón, con ayuno y lloro y lamento. Rasgad vuestro corazón, y no vuestros vestidos, y convertíos a Jehová vuestro Dios; porque misericordioso es y clemente, tardo para la ira y grande en misericordia, y que se duele del castigo. ¿Quién sabe si volverá y se arrepentirá y dejará bendición tras de él, esto es, ofrenda y libación para Jehová vuestro Dios? Tocad trompeta en Sion, proclamad ayuno, convocad asamblea. Reunid al pueblo, santificad la reunión, juntad a los ancianos, congregad a los niños y a los que maman, salga de su cámara el novio, y de su tálamo la novia. Entre la entrada y el altar lloren los sacerdotes ministros de Jehová, y digan: Perdona, oh Jehová, a tu pueblo, y no entregues al oprobio tu heredad, para que las naciones se enseñoreen de ella. ¿Por qué han de decir entre los pueblos: Dónde está su Dios? Y Jehová, solícito por su tierra, perdonará a su pueblo. Responderá Jehová, y dirá a su pueblo: He aquí yo os envío pan, mosto y aceite, y seréis saciados de ellos; y nunca más os pondré en oprobio entre las naciones. Y haré alejar de vosotros al del norte, y lo echaré en tierra seca y desierta; su faz será hacia el mar oriental, y su fin al mar occidental; y exhalará su hedor, y subirá su pudrición, porque hizo grandes cosas. Tierra, no temas; alégrate y gózate, porque Jehová hará grandes cosas. Animales del campo, no temáis; porque los pastos del desierto reverdecerán, porque los árboles llevarán su fruto, la higuera y la vid darán sus frutos. Vosotros también, hijos de Sion, alegraos y gozaos en Jehová vuestro Dios; porque os ha dado la primera lluvia a su tiempo, y hará descender sobre vosotros lluvia temprana y tardía como al principio. Las eras se llenarán de trigo, y los lagares rebosarán de vino y aceite. Y os restituiré los años que comió la oruga, el saltón, el revoltón y la langosta, mi gran ejército que envié contra vosotros. Comeréis hasta saciaros, y alabaréis el nombre de Jehová vuestro Dios, el cual hizo maravillas con vosotros; y nunca jamás será mi pueblo avergonzado. Y conoceréis que en medio de Israel estoy yo, y que yo soy Jehová vuestro Dios, y no hay otro; y mi pueblo nunca jamás será avergonzado. Y después de esto derramaré mi Espíritu sobre toda carne, y profetizarán vuestros hijos y vuestras hijas; vuestros ancianos soñarán sueños, y vuestros jóvenes verán visiones. Y también sobre los siervos y sobre las siervas derramaré mi Espíritu en aquellos días. Y daré prodigios en el cielo y en la tierra, sangre, y fuego, y columnas de humo. El sol se convertirá en tinieblas, y la luna en sangre, antes que venga el día grande y espantoso de Jehová. Y todo aquel que invocare el nombre de Jehová será salvo; porque en el monte de Sion y en Jerusalén habrá salvación, como ha dicho Jehová, y entre el remanente al cual él habrá llamado. (Joel 2:12-32)

El pueblo necesita ver el amor demostrado en la iglesia, necesitan ver la verdadera búsqueda, el desinterés y el servicio. Necesitan ver un ejemplo de amor que se impone sobre todo odio. Tienen que volver a la sana doctrina, al evangelio no adulterado, al evangelio de clamor, y compasión por las almas.

Dios quiere la salvación de la sociedad, y todo aquel que se convierta en obstáculo recibirá el pago conforme a sus obras, porque Dios moverá su mano a favor de su pueblo. Es tiempo de un verdadero cambio, un cambio que comience hoy desde el altar hasta alcanzar a cada casa en la sociedad. Esa es la voluntad de Dios. Solo de esta manera se verá un cambio social, una transformación. Toda esta maldad social que vemos hoy, puede ser contrarrestada si el pueblo de Dios vuelve a sus raices.

Retomando nuestras raices:

Cap. 24 La expiación
Cap. 25 La redención
Cap. 26 La fe
Cap. 27 El arrepentimiento
Cap. 28 La justificación
Cap. 29 La conversión
Cap. 30 La regeneración
Cap. 31 La adopción
Cap. 32 La santificación
Cap. 44 El servicio cristiano
Cap. 45 La oración
Cap. 46 La obediencia
Cap. 47 La adoración
Cap. 48 La abnegación
Cap. 49 La separación del mundo
Cap. 50 La no resistencia
Cap. 51 El juramento
Cap. 52 El amor
Cap. 53 La pureza
Cap. 54 La humildad
Cap. 55 La esperanza del cristiano
Los Cinco Ministerios

"Vosotros sois la sal de la tierra; pero si la sal se desvaneciere, ¿con qué será salada? No sirve más para nada, sino para ser echada fuera y hollada por los hombres." (Mateo 5:13)