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sábado, 10 de septiembre de 2011

¿Cuál es el nombre que intimida tu vida?



¿Cuál es el nombre que intimida tu vida?



¿Cáncer? ¿Enfermedad? ¿Persecución? ¿Angustia? ¿Depresión? ¿Opresión? ¿Crisis? ¿Pecado? ¿Sed? ¿Necesidad? ¿Vicio? ¿Atadura? ¿Temor? ¿Violencia? ¿Confusión? ¿Inseguridad? ¿Incredulidad? ¿Principados y potestades? ¿Peligro de muerte? ¿Maldad? ¿Distracción? ¿Vanidad? ¿Impureza? ¿Inmundicia? ¿Mundanalidad? ¿Cadenas? ¿Vacío? ¿Insatisfacción?

Los anteriores nombres ya los conoces, ahora sólo hay un nombre que te puede librar de todos ellos. Su nombre es JESUS. (Mateo 1:21)

Clama a mí, y yo te responderé, y te enseñaré cosas grandes y ocultas que tú no conoces. (Jeremías 33:3)

Este es el momento para clamar a aquel que en realidad sí puede transformar tu desierto en fuente. (Salmo 84:6)

Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre, para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra; y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre. (Filipenses 2:1-11)

"Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados. Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos. Y a los que predestinó, a éstos también llamó; y a los que llamó, a éstos también justificó; y a los que justificó, a éstos también glorificó. ¿Qué, pues, diremos a esto? Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros? El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas? ¿Quién acusará a los escogidos de Dios? Dios es el que justifica. ¿Quién es el que condenará? Cristo es el que murió; más aun, el que también resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros. ¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada? Como está escrito: por causa de ti somos muertos todo el tiempo; somos contados como ovejas de matadero. Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó. Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro." (Romanos 8:28-39)

Los que miraron a él fueron alumbrados, y sus rostros no fueron avergonzados. (Salmo 34:5)

Así que, si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres. (Juan 8:36)