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jueves, 31 de marzo de 2011

La omnisciencia de Dios versus el afán humano por tener cosas

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Leía un libro titulado “La Cuarta Dimensión” de Paul Yongui Cho (pastor de la iglesia evangélica más grande del mundo) ubicada en Seúl, Corea. Una de las premisas de su libro consiste en que los cristianos apliquen técnicas de visualización muy similares a las usadas por los budistas para obtener toda clase de cosas. Afirma que si un cristiano no es especifico en su pedido, Dios no le responderá. Basado en esa clase de argumentos, propone que el cristiano puede obtener casas, carros, objetos y propiedades si crea un cuadro mental detallado con toda clase de colores y descripciones de lo que anhela y repite una y otra vez ese cuadro tanto en su mente como de forma verbal. De esta manera por medio del declara y confiesa, el creyente será capaz de alterar la rueda de la creación y hará que su sueño se haga una realidad tangible.


Esa clase de “doctrina” está invadiendo toda clase de podios de congregaciones sin importar el nombre de la misma.


Ahora bien, ¿depende la respuesta de Dios a nuestras oraciones de cuan detallados somos o de cuanto conocimiento tenemos de un asunto? ¿La contestación de la oración está determinada por la persona que ora o por el Dios que contesta o se abstiene de dar?


Los siguientes textos pueden contestarnos todas esas preguntas si estamos atentos:


Por tanto os digo: No os afanéis por vuestra vida, qué habéis de comer o qué habéis de beber; ni por vuestro cuerpo, qué habéis de vestir. ¿No es la vida más que el alimento, y el cuerpo más que el vestido? Mirad las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni recogen en graneros; y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros mucho más que ellas? ¿Y quién de vosotros podrá, por mucho que se afane, añadir a su estatura un codo? Y por el vestido, ¿por qué os afanáis? Considerad los lirios del campo, cómo crecen: no trabajan ni hilan; pero os digo, que ni aun Salomón con toda su gloria se vistió así como uno de ellos. Y si la hierba del campo que hoy es, y mañana se echa en el horno, Dios la viste así, ¿no hará mucho más a vosotros, hombres de poca fe? No os afanéis, pues, diciendo: ¿Qué comeremos, o qué beberemos, o qué vestiremos? Porque los gentiles buscan todas estas cosas; pero vuestro Padre celestial SABE que tenéis necesidad de todas estas cosas. Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas. Así que, no os afanéis por el día de mañana, porque el día de mañana traerá su afán. Basta a cada día su propio mal. (Mateo 6:25-34)


Y a Aquel que es poderoso para hacer todas las cosas mucho MÁS ABUNDANTEMENTE DE LO QUE PEDIMOS O ENTENDEMOS, según el poder que actúa en nosotros, (Efesios 3:20)


Por NADA estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. (Filipenses 4:6)


Pues aún no está la palabra en mi lengua, y he aquí, oh Jehová, tú la sabes toda. (Salmo 139:4)


Y de igual manera el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; pues qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles. (Romanos 8:26)


Deléitate asimismo en Jehová, y él te concederá las peticiones de tu corazón. (Salmo 37:4)


Y cuando ores, no seas como los hipócritas; porque ellos aman el orar en pie en las sinagogas y en las esquinas de las calles, para ser vistos de los hombres; de cierto os digo que ya tienen su recompensa. Mas tú, cuando ores, entra en tu aposento, y cerrada la puerta, ora a tu Padre que está en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público. Y orando, no uséis vanas repeticiones, como los gentiles, que piensan que por su palabrería serán oídos. No os hagáis, pues, semejantes a ellos; PORQUE VUESTRO PADRE SABE DE QUÉ COSA TENÉIS NECESIDAD, ANTES QUE VOSOTROS LA PIDÁIS. Vosotros, pues, oraréis así:

Padre nuestro que estás en los cielos,
santificado sea tu nombre.
Venga tu reino.
Hágase tu voluntad, como en el cielo,
así también en la tierra.
El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy.
Y perdónanos nuestras deudas,
como también nosotros perdonamos a nuestros deudores.
Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal;
porque tuyo es el reino, y el poder,
y la gloria, por todos los siglos. Amén. -Mateo 6:5-13


¿Será que no hay suficientes temas para orar que no sean el aumentar nuestras posesiones en la tierra?