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viernes, 30 de diciembre de 2011

¿A quién adoramos? ¿Al niñito Jesús, al "divino niño Jesús" ó a Jesús el de la Biblia?

Imagen del ídolo denominado "divino niño Jesús"


lavantado por el Vaticano católico romano




Pablo reprende a los cristianos en Corinto, porque existía una amenaza real contra la iglesia de Cristo que provenía del mismo enemigo y que pretendía dañar la doctrina cristiana, las enseñanzas íntegras dadas por Cristo a los apóstoles, y es que el enemigo estaba empeñado en introducir una falsa religiosidad, una falsa adoración, falsas ideas, herejías, y cosas semejantes a estas. El enemigo está empeñado en usar la propia Biblia para torcer las Escrituras y dirigir por un camino opuesto al establecido por Dios. Hoy en el mundo, son muchos los que con la misma Biblia que usted tiene, creen toda clase de cosas diferentes a lo que allí está escrito. En el Salmo 115 vemos como Dios advierte contra la idolatría, sin embargo, gente tiene esa misma Biblia, con ese mismo Salmo 115 y se postra delante de los ídolos como si nada pasara, hacen caso omiso a las reglas de Dios y siguen toda clase de voces que "justifican" en sus mentes lo que ya de antemano está escrito que es opuesto a lo que Dios quiere. Pablo le dice a los corintios:

"Porque si viene alguno predicando a otro Jesús que el que os hemos predicado, o si recibís otro espíritu que el que habéis recibido, u otro evangelio que el que habéis aceptado, bien lo toleráis..." (II Corintios 11:4)



Esta advertencia debe ser tomada muy en serio. El enemigo entrena impostores para tomar el lugar de Jesús, incluso, el enemigo está dispuesto a hacer toda clase de espectáculos sobrenaturales para pasar él mismo como si se tratara de "el espíritu de Cristo". Por eso, no todo milagro proviene de Dios, ni toda señal asombrosa es obra de Dios. Dios en su palabra poner las reglas para identificar lo que es de lo que no es. Si usted se deja impresionar fácilmente por cualquier milagro, cualquier suceso por lo sobrenatural, puede que termine en el blanco equivocado.

He visto a gente muy bien intencionada que acostumbrar decir que adoran al "niño Jesús", al "divino niño Jesús". Si bien es cierto que Dios se hizo hombre, es decir, el Dios de los cielos, tomó humanidad con el objetivo de dar su vida en rescate por muchos y resucitarnos juntamente con Cristo para una nueva vida, no podemos caer en la trampa de postrarnos ante una estatua de un niño al que le llaman "divino niño Jesús". Primero porque Cristo mismo no tuvo por objetivo que se le levantara estatua alguna. Segundo, porque Jesús no se quedó en la infancia. El verdadero Jesús es eterno. Aunque tomó forma de siervo, Dios no quiere que se le rinda homenaje, culto, ni adoración como un ídolo de un niño, en cambio podemos postrarnos en fe delante de Dios, glorificar a Jesucristo, reconociendo que el es Dios, pero nada que ver con la idolatría impuesta por los urdidores del Vaticano católico romano y sus forjadores de ídolos. Postrémonos delante de Cristo, pero no delante de ningún ídolo. Estemos alertas escudriñando la Palabra para seguir al Jesús de la Biblia, no ninguna oferta de falsa religiosidad moderna, ni mucho menos un Espíritu diferente al Espíritu de Dios.