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domingo, 29 de mayo de 2011

¿Cuál es tu precio? ¿Dinero? ¿Comodidades? ¿Fama? ¿Lujos? ¿Placeres? ¿Comida? ¿Vestidos?

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El libro de Génesis capítulo 25 y versos 27-34 nos cuenta la historia de cómo Esaú menospreció su primogenitura. Su astuto hermano Jacob estaba interesado en su primogenitura, por lo que esperó que Esaú volviera de la caza en el campo muy cansado y hambriento para hacerle una oferta y aprovecharse de su necesidad. Sucedió que Esaú al regresar muy cansado del campo se enfrenta a la oferta de su hermano. Jacob le daría de su banquete de comida si Esaú le daba a cambio de aquella comida de pan y guisado de las lentejas, su propia primogenitura. Esaú ciego por el hambre accedió a la propuesta de su hermano. Al aceptar la oferta y ceder su primogenitura, realmente lo que estaba cediendo era su autoridad, su primicia, su lugar, sus bendiciones, su herencia, y ese cariño especial que recibe el primer hijo. Mas tarde, los ojos de Esaú fueron abierto, pero ya era tarde, no había vuelta atrás. No pudo recuperarla ni con llanto ni con precio.


Similar a la historia de Jacob y Esaú, el enemigo está interesado en quitarte tu herencia. No se trata de posesiones materiales. Se trata de tu herencia con Dios. Tu propia alma. De la misma manera que Jacob tentó a Esaú con una oferta, así el enemigo te tentará por medio de una oferta, alguna clase de negocio donde procurará que tú salgas perdiendo. Eso de valor que posee, lo cual es ti propia vida, él desea poseerla. Por eso te ofrecerá riquezas, placeres, comodidades, y toda clase de cosas pasajeras para que vendas tus valores, para que niegues a tu Dios por medio de tus actos. Sucede que a todos los que ceden a las ofertas del enemigo, él los corona con cosas en esta vida, pero ¡cuidado!


Porque ¿qué aprovechará al hombre si ganare todo el mundo, y perdiere su alma? (Marcos 8:36)


¿Cuál es tu precio? ¿Dinero? ¿Comodidades? ¿Fama? ¿Lujos? ¿Placeres? ¿Comida? ¿Vestidos?


¿Realmente conoces el valor de tu vida? ¿Conoces el tesoro que representa? El enemigo tratará de menospreciarla, pero ¿Por qué él está tan interesado en ella?


¿Cederás a las ofertas del enemigo o le pondrás un alto?