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lunes, 7 de mayo de 2012

¿Se puede llegar al cielo con el corazón lleno del mundo y sus deseos?

Y cuando se habla del mundo no se refiere al planeta donde vivimos, sino a las tendencias de los seres humanos de practicar cosas opuestas a la salud íntegra del ser humano en espíritu, alma y cuerpo.

¿Qué hay en el mundo?

 Libertinaje, música sensual que no agrada a Dios ni es inspirada por él, vicios, envidias, traiciones, hipocresía, corrupción, malsana competencia, caminos torcidos y distorsionadores de la verdad, modas obscenas, actitudes rebeldes y faltas de humildad, hambre espiritual y vacío. Cosas que ya Dios ha identificado en su Palabra como nocivas y que finalmente causarán la muerte eterna.

"No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él." (I Juan 2:15)


"Digo, pues: Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne.  Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne; y éstos se oponen entre sí, para que no hagáis lo que quisiereis.  Pero si sois guiados por el Espíritu, no estáis bajo la ley. Y manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia,  idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías,  envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a estas; acerca de las cuales os amonesto, como ya os lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios.  Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe,  mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley.  Pero los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos.  Si vivimos por el Espíritu, andemos también por el Espíritu. No nos hagamos vanagloriosos, irritándonos unos a otros, envidiándonos unos a otros." (Gálatas 5:16-26)

 "No podéis beber la copa del Señor, y la copa de los demonios; no podéis participar de la mesa del Señor, y de la mesa de los demonios." (I Corintios 10:21)