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sábado, 24 de septiembre de 2011

"Heme aquí a mí en lugar de Dios" -dicen ellos (Job 33:6)

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La cita "Heme aquí a mí en lugar de Dios" fueron algunas de las palabras pronunciadas por Eliú, amigo de Job, quien junto con otros amigos se presentaron delante de Job en el tiempo de su prueba y comenzaron a tratar de identificar las razones por las cuales Job se encontraba en aquella crisis. Los amigos de Job se comportaron como acusadores y con palabras religiosas que sonaban muy espirituales le atribuían a Job alguna razón por la cual creían que él había atraído sobre si la maldición. Finalmente, ellos estaban errados y Job fue reivindicado como siervo de Dios. (Job 42:8-9) Las palabras "heme aquí a mí en lugar de Dios" (Job 33:6) las escucho constantemente en toda clase de púlpitos cuando arrogantemente veo como gente que dicen ser siervos de Dios se prestan para este juego de falsa religiosidad proponiendo que son ellos quienes pueden tomar el lugar que le corresponde a Dios. Han cambiado la verdadera oración y la humillación en reverencia por una nueva clase de "fe" creada a partir de conceptos budistas de la Nueva Era, para proponerse ellos mismos como dioses. Los púlpitos han sido invadidos con arrogancia, ahora los siervos reclaman ser los señores. Ya no vemos a muchos pastores ni evangelistas orando humildemente esperando la voluntad y la soberanía de Dios, ahora son palabras de "conquista", "decretos", "exigencias", y lo que muchos llaman "arrebato" de toda clase de cosas terrenales. Una clase de fe moderna que implica que de forma compulsoria, Dios está obligado a dar riquezas a los cristianos por el hecho de que han venido a ser hijos y herederos de Dios. Sin embargo, las posturas bíblicas correctas de lo que hablan es de la bendición de Dios derramada sobre sus hijos cuando estos se dirigen hacia Dios con TEMOR REVERENTE (Heb. 5:7), muy lejos de enfoques en cosas materiales ni mucho menos utilizando técnicas de visualización oriental como manera o técnica para obtener cosas. Las bendiciones de Dios y las riquezas materiales vienen como añadiduras dadas por Dios a quien él quiera darlas, y no como consecuencia de exigencias, reclamos ni el producto de caprichos humanos con corazones afanados en tener toda clase de cosas. Tengamos cuidado que con nuestros "decretos" y exigencias" no estemos cayendo en arrogancia ni en una falsa religiosidad que sólo se enfoca en lo que queremos y no necesariamente en lo que Dios quiere para nosotros. Cuando Dios está en el asunto hay respaldo de Dios y no tantas muestras de afanes por tener cosas, ni expresiones de tantos pedidos ni explotación, ni mucho menos Dios puede ser comprado por medio de dinero. Dios da cada cosa a su tiempo y antes que el hombre pida ya Dios está dando lo que el hombre necesita. Vemos a mucha gente construyendo imperios religiosos, y a la misma vez vemos el mundo cayendo en pedazos alrededor de ellos. ¿Será que hemos cambiado el evangelio por uno de autocomplacencia? Tengamos cuidado y no pretendamos ocupar el lugar que le corresponde sólo a Dios.