miércoles, 20 de enero de 2010

Nuestra justicia tiene que ser mayor que la de los demonios y los fariseos

*Por E. Vélez


Si queremos realmente alcanzar la salvación nuestra justicia tiene que ser mayor que aquellos que simplemente creen, tienen fe, tiemblan, hacen ruido, alborotan pero se quedan en cuatro paredes y nada más hacen.


Parte de los señalamientos que Jesús le hizo a los escribas y fariseos sobre su hipocresía religiosa era precisamente el hacer afirmaciones que ellos mismos no practicaban.


Dicen y no hacen


Dios está cansado el que se haga alboroto y al fin y al cabo no se hagan obras de justicia.


Así que, todo lo que os digan que guardéis, guardadlo y hacedlo; mas no hagáis conforme a sus obras, porque dicen, y no hacen. (Mateo 23:3)


De qué sirve el alboroto, las lenguas, el estruendo, la profecía, y toda clase de dones si no se manifiesta un amor visible hacia el prójimo en obras de bien.


El decir y no hacer es la esencia y el núcleo de la falsa religiosidad. Es parte de la apariencia de piedad y de cordero, pero el silencio, el ocio y la inactividad son evidencias de la maldad interior.


Falta de amor hacia el prójimo


Si yo hablase lenguas humanas y angélicas, y no tengo amor, vengo a ser como metal que resuena, o címbalo que retiñe. si tuviese profecía, y entendiese todos los misterios y toda ciencia, y si tuviese toda la fe, de tal manera que trasladase los montes, y no tengo amor, nada soy. (I Cor. 13:1-2)


La falsa justicia de los demonios


La falsa justicia de los demonios es descrita en Santiago como seres que creen, tiemblan y se estremecen. Si usted observa los ejemplos de los evangelios se narra sobre el alboroto que hacen los demonios, incluso en algunas ocasiones sirviendo de anunciadores de los predicadores de Dios. Vea: Hechos 16:16-17; Filipenses 1:15; III Juan 1:9


Tú crees que Dios es uno; bien haces. También los demonios creen, y tiemblan. (Stg. 2:19)


Una persona que afirma ser lleno del Espíritu Santo y renacido para Dios no puede ser igual en esto a los demonios del infierno. Sino que la justicia tiene que ser mucho mayor. Tenemos que creer, tenemos que temblar, pero tenemos que hacer obras de justicia visibles y de bien social. De lo contrario venimos a ser iguales a los mismos demonios que para nada sirven.


La invitación que nos hace Dios


Dios nos invita a salir de la falsa religiosidad y entrar en una relación sincera con Dios. Donde no solo tengamos a Dios en el interior sino que nuestras obras de justicia impacten la sociedad para bien y la gente pueda glorificar a Dios por nuestras buenas obras. Si nos alejamos de este propósito de Dios será el momento cuando Dios quite nuestro candelero. (Apocalipsis 2:5)


Más allá de la religiosidad


De que nos sirve creernos religiosos, andar haciendo alboroto dentro de cuatro paredes y afirmando tener el bautismo de Dios si no lo evidenciamos con las obras que Dios espera. Le servirá de utilidad a la sociedad un grupo de gente haciendo estruendo y afirmando ser llenos de Dios pero sin ver obra alguna. Dice Santiago 1:27


La religión pura y sin mácula delante de Dios el Padre es esta: Visitar a los huérfanos y a las viudas en sus tribulaciones, y guardarse sin mancha del mundo.

Si afirmamos que Dios mora en nosotros, mostremos la evidencia, de lo contrario somos meros vanos religiosos similares a los fariseos desechados por Dios.

Porque os digo que si vuestra justicia no fuere mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos. (Mateo 5:20)

El ejemplo dado por Cristo, un hombre que no siguió su camino sino que se detuvo a hacer el bien

Y he aquí un intérprete de la ley se levantó y dijo, para probarle: Maestro, ¿haciendo qué cosa heredaré la vida eterna? Él le dijo: ¿Qué está escrito en la ley? ¿Cómo lees? Aquél, respondiendo, dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con todas tus fuerzas, y con toda tu mente; y a tu prójimo como a ti mismo. Y le dijo: Bien has respondido; haz esto, y vivirás. Pero él, queriendo justificarse a sí mismo, dijo a Jesús: ¿Y quién es mi prójimo? Respondiendo Jesús, dijo: Un hombre descendía de Jerusalén a Jericó, y cayó en manos de ladrones, los cuales le despojaron; e hiriéndole, se fueron, dejándole medio muerto. Aconteció que descendió un sacerdote por aquel camino, y viéndole, pasó de largo. Asimismo un levita, llegando cerca de aquel lugar, y viéndole, pasó de largo. Pero un samaritano, que iba de camino, vino cerca de él, y viéndole, fue movido a misericordia; y acercándose, vendó sus heridas, echándoles aceite y vino; y poniéndole en su cabalgadura, lo llevó al mesón, y cuidó de él. Otro día al partir, sacó dos denarios, y los dio al mesonero, y le dijo: Cuídamele; y todo lo que gastes de más, yo te lo pagaré cuando regrese. ¿Quién, pues, de estos tres te parece que fue el prójimo del que cayó en manos de los ladrones? Él dijo: El que usó de misericordia con él. Entonces Jesús le dijo: Ve, y haz tú lo mismo.(Lucas 10:25-37)


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