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miércoles, 28 de octubre de 2009

No guardar silencio frente a la maldad social

Por Edward Vélez

Todos los Derechos Reservados


“El guarda los pies de sus santos,
mas los impíos perecen en tinieblas;
Porque nadie será fuerte por su propia fuerza”.

–I Samuel 2:9


No soy pastor ni tengo a cargo la dirección multitudes de gente. Tampoco poseo grandes plataformas de audiencia sea de radio, televisión ni reclamo tener ninguna clase de influencia de ninguna índole. Mi enfoque es mi propia familia y la manera que el lector se pueda identificar con la suya al tener la responsabilidad de criar hijos. Nuestra meta es redescubrir y reafirmar las bases cristianas y morales establecidas por Dios para construir un hogar firme e inconmovible. Nuestro primer ministerio es la familia y es ella la que debemos edificar antes de pretender tener otra clase de servicio en la sociedad. Hablando con franqueza, aprenderemos de los errores e identificaremos las soluciones prácticas que nos han sido brindadas por Dios en su Palabra.


Como padre de familia me preocupa al igual que usted los golpes y azotes que está sufriendo la sociedad, en especial la familia. Frente a esta realidad no me voy a quedar callado. Mi deber como padre de dos hijos y como creyente en Jesucristo es abrir mi boca y eso haré.


La amenaza de espada sobre la tierra


Existe gente que piensa que la labor de pastorear es exclusiva de los pastores que tienen nombramientos y poseen centenares de ovejas. Sin embargo, cada uno de nosotros tenemos a nuestro cuidado un pequeño remanente llamado familia. Mi responsabilidad es tocar trompeta por mis hijos y la labor del lector es tocar trompeta a favor de su propia familia. Hoy es el tiempo de pararnos firmes y ser fortalecidos en la fuerza que proviene de Dios para hacer la labor de atalayas útiles sobre la propiedad que Dios nos ha encomendado:


“Pero si el atalaya viere venir la espada y no tocare la trompeta, y el pueblo no se apercibiere, y viniendo la espada, hiriere de él a alguno, éste fue tomado por causa de su pecado, pero demandaré su sangre de mano del atalaya. A ti, pues, hijo de hombre, te he puesto por atalaya a la casa de Israel, y oirás la palabra de mi boca, y los amonestarás de mi parte. Cuando yo dijere al impío: Impío, de cierto morirás; si tú no hablares para que se guarde el impío de su camino, el impío morirá por su pecado, pero su sangre yo la demandaré de tu mano. Y si tú avisares al impío de su camino para que se aparte de él, y él no se apartare de su camino, él morirá por su pecado, pero tú libraste tu vida”. 1


Una de las cosas que más le desagrada a Dios es el hecho de que sus pastores y sus profetas no ejecuten su misión a favor de su pueblo. De la misma manera, ¿cuánto más le desagradará a Dios que los jefes de familia no cumplan su labor de protección y suplir para las necesidades de sus hijos, ya sea moral, religiosa, disciplina, emocional, psicológica o de la índole que sea?


El profeta Ezequiel recibió una palabra dura de parte de Jehová. Se le dijo que vendrían tiempos difíciles sobre la tierra. Pero más que eso, se le ordena “tocar trompeta” a favor del pueblo. Tocar trompeta no es otra cosa que avisar de forma alarmante, amonestar, apercibir, hacer oír palabras y sonido de advertencia sobre el pueblo, de tal forma que los que escuchan puedan salvar sus vidas y no perecer frente al enemigo. Dios ha otorgado una responsabilidad a sus profetas, a los pastores, pero más que nada, a los padres. Esa responsabilidad es tan seria que si el hombre calla y guarda silencio y las ovejas o los hijos reciben el daño, Dios mismo demandará la sangre de todos ellos y el inútil vocero pagará las consecuencias.


Cuando ignoramos el peligro


El diccionario Larousse define “ignorar” como “no saber una cosa”, “no prestar atención deliberadamente a alguien o a algo”. Una cosa es el desconocer que se acerca una tormenta y otra cosa es el tener el conocimiento pero hacer caso omiso de todas las advertencias. Sin embargo, aplicando el concepto a los aspectos legales el desconocer las leyes no significa que el jurado nos exima del castigo. Es como el conductor que va por la autopista y lleva su automóvil a una velocidad de ochenta millas por hora en una zona de cincuenta y cinco. No pasa mucho rato cuando se oye, la sirena de la policía que le ordena detenerse. El conductor extrañado le dice al policía: “Oiga, ¿porqué me detiene? El policía lo mira con incredulidad y le dice: “caballero, no notó los letreros que dicen que es zona de cincuenta y cinco y no de ochenta millas”. El conductor lo mira con asombro y le dice: “Pero, señor oficial, soy extranjero y no sabía que el límite en esta zona es cincuenta y cinco”. El policía lo mira rígidamente entregándole el boleto y le dice: “de ahora en adelante, usted lo sabe”. Esta breve historia nos enseña que el que un hombre ignore la ley, no significa que la ley lo eximirá del pago de la misma. A veces la ignorancia viene por dos vías diferentes. Puede venir por la ausencia de herramientas de información que nos aperciban y oriente de las cosas, o puede venir porque simplemente no prestamos atención a las cosas que se nos dicen. Una cosa es el oír y otra cosa es el escuchar. La gente tiende a oír el sonido de las palabras, pero cuando se escucha, es verdaderamente cuando se comprende y entiende el mensaje.


La ignorancia y el silencio


¿Qué sucedería si en el caso anterior el policía ve al negligente conductor y en ves de detenerlo, se hace de la vista larga y lo deja ir sin tomar acción? Como si fuera poco, el conductor pierde el control de su vehículo y tiene un accidente donde no solo muere él, sino que afecta otras personas con su proceder temerario. En este segundo caso, no solo fue irresponsable el conductor, sino que el policía es parte también de la culpa moral de los hechos por no haber cumplido su trabajo eficazmente.


Nuestra labor, ya sea como ministros de Dios, padres y maestros, es el no hacernos de la vista larga. El saber hacer el bien y no hacerlo es contado como pecado.2 Si yo como padre, tengo la amonestación y la guardo en mi interior y no la exteriorizo para que mi hijo la escuche y le permito su mal comportamiento por no hacerlo enojar y que sienta disgusto, entonces no estoy haciendo mi labor eficazmente. El silencio es el primer gran amigo de la ignorancia. Un consejo y una amonestación a tiempo puede salvar a una persona de la tragedia. La Biblia nos dice:


“Instruye al niño en su camino, y aún cuando fuere viejo no se apartará de él.”3


Ese instruir o proporcionar conocimientos prácticos es el rol de aquellos que han recibido la responsabilidad de la ley. La ley es para ser compartirla con los menos expertos.

En el Antiguo Testamento encontramos la bochornosa realidad de la ignorancia y el silencio cohabitando en un mismo lugar. Se trata de la historia de Elí y sus hijos, Ofni y Finees. Elí era del linaje de Aarón, de la familia de Itamar. Como sumo sacerdote y juez tenía la responsabilidad de velar, administrar y ejercer de las cosas sagradas. Elí moraba en la casa de Jehová. ¿Cuánta bendición y privilegio es morar en la casa de Dios? La casa de Dios es el lugar donde se dirige al pueblo a encontrarse con su Creador. Pero algo terrible estaba sucediendo, los que se suponen eran los descendientes del sacerdote se habían alejado de los verdaderos propósitos de Dios y estaban cometiendo grandes sacrilegios. No tenían conocimiento de Dios, tenían en poco los sacrificios y fornicaban con las feligresas. Como si fuera poco, ¡Elí no los reprendía!.4 El silencio de parte de Elí provocó que el linaje sacerdotal fuera interrumpido, otro lo reemplazaría, sus hijos murieron y hubo una matanza contra los sacerdotes de Nob, entre otras consecuencias nefastas. Este simple ejemplo nos muestra que abrir nuestra boca o callar es cuestión de vida o muerte.


El estorbo


Cuando Dios le anunció al pequeño Samuel su determinación sobre Elí y su descendencia, le dijo claramente que el pecado de Elí consistía en no serle de estorbo a la maldad de sus hijos. Dios esperaba que Elí reprendiera a sus hijos y le pusiera freno a la maldad con voz de autoridad, en cambio, Elí mostró debilidad y guardó silencio. El silencio de un profeta, de un sacerdote, de un pastor, de un padre puede ser mortal para los que de ellos dependen. El proverbio nos dice:


“Las palabras de los sabios son como aguijones; y como clavos hincados son las de los maestros de las congregaciones, dadas por un Pastor”.5


A veces, cuando Dios pone palabras en boca de un pastor, los oyentes tienden a pensar “eso lo dice por mí”. Y hasta tienden a enojarse porque piensan que el pastor tiene una agenda personalizada en su contra. Sin embargo, la amonestación y disciplina que da Dios no es para hacer enojar sino para corregir el comportamiento desviado. En cambio, si un pastor calla y guarda silencio al ver a una oveja que se está descarriando, entonces el pastor no está cumpliendo su responsabilidad de edificación. El propósito de Dios es que sus pastores, maestros y padres sean sin doblez y de palabra firme. La palabra firme es la que dirige. A veces, nuestros hijos se duelen del castigo, pero ese castigo lo librará de la misma muerte. En cambio, si guardamos silencio, eso demuestra el poco amor que le tenemos. Ese silencio les hará creer que los malos caminos son comunes y aceptables. Lo que parece ser dureza es la mejor medicina contra la desobediencia. En el libro de Hebreos se nos dice:


“... y habéis ya olvidado la exhortación que como

a hijos se os dirige, diciendo: Hijo mío,

no menosprecies la disciplina del Señor,
ni desmayes cuando eres reprendido por él;
Porque el Señor al que ama, disciplina,
Y azota a todo el que recibe por hijo.

Si soportáis la disciplina, Dios os trata como a hijos;

porque ¿qué hijo es aquel a quien el padre no disciplina?

Pero si se os deja sin disciplina, de la cual todos

han sido participantes, entonces sois bastardos, y no hijos.

Por otra parte, tuvimos a nuestros padres terrenales

que nos disciplinaban, y los venerábamos.

¿Por qué no obedeceremos mucho mejor

al Padre de los espíritus, y viviremos?

Y aquéllos, ciertamente por pocos días nos disciplinaban

como a ellos les parecía, pero éste para lo que nos

es provechoso, para que participemos de su santidad.

Es verdad que ninguna disciplina al presente parece

ser causa de gozo, sino de tristeza; pero después da fruto

apacible de justicia a los que en ella han sido ejercitados”.6


Se nos dice que el propósito de la disciplina de Dios es “para que participemos de su santidad”. Por ende, el objetivo de Dios es ya anunciado, edificar personas santas que sean para Dios.


Lo bueno y lo malo no es relativo


Hay gente que piensa que lo que se señala como bueno y lo que se señala como malo es producto del relativismo. El relativismo propone que la verdad es aplicable solo a un puñado de gente según sea el caso, y excluye a otras personas. En cambio, la Biblia nos dice existe una clara separación entre las cosas que son malas y las cosas que son consideradas buenas y justas en todas las naciones por igual. La dicotomía que existe entre lo bueno y lo malo es irreconciliable. Según la ley de Dios para todas las naciones, es totalmente condenable el que el hombre se aleje de Dios y de su palabra, no honre a sus padres, sea idólatra, sea murmurador, sea un asesino, sea un ladrón, sea un adúltero, no se consagre para Dios, tome el nombre de Dios en vano, y cosas semejantes a estas.

El pueblo de Israel tuvo un momento en que daba todo por igual.


“No haréis como todo lo que hacemos nosotros aquí

ahora, cada uno lo que bien le parece”.7


Es lamentable cuando a un hombre se le adormece la conciencia. Este es el momento cuando a lo malo llama bueno y a lo bueno llama malo.8 La conciencia es el conocimiento que tiene el espíritu humano de la separación que existe entre las cosas morales e inmorales de los actos, experiencias, y todo lo que corresponde a la existencia. Cuando un hombre tiene la conciencia activa y viva, elige conducirse por el camino correcto. Cuando un hombre tiene la conciencia muerta, tiende a hacer cosas sin escrúpulos. La conciencia del hombre comenzó a degradarse cuando nuestros primeros padres optaron por la desobediencia. Sin embargo, en medio de esa mortandad de la humanidad Dios envió su ley para fijar la separación entre lo bueno y lo malo y edificar pueblo para Dios.


Dios por medio de su ley ha dado a conocer el camino de la bondad y la santidad. Puso leyes y mandamientos para que fueran seguidos por todos los hombres.9 Dios pone delante de cada hombre dos caminos a escoger, el de la bendición y el de la maldición.10 Nuestra labor como padres es hacerle conocer a nuestros hijos el camino de la bendición.


Cuando los guardas duermen


Cuando los guardas duermen es el momento cuando la ciudad corre peligro. Aquellos que se suponen estén parados y vigilantes para que los enemigos no destruyan la ciudad no pueden bajo ninguna circunstancia dormirse ni dejar de servir de protección social, ya que es el momento que las tropas del enemigo están esperando para destruir todo a su paso. En Dios tenemos un guarda que no duerme y que vela por el bienestar de los suyos. El salmista nos dice:


“He aquí, no se adormecerá ni dormirá El que guarda a Israel”.11


Cuando estamos conscientes que el atalaya vela por la ciudad de manera alerta y con responsabilidad, podemos estar tranquilos y tener sosiego. Israel se encontró en un tiempo cuando los que se suponían fueran la voz de alerta en el pueblo y predicaran fuertemente la verdad, fueron tras otros propósitos olvidando su compromiso. Nos dice Isaías:


“Sus atalayas son ciegos, todos ellos ignorantes;

todos ellos perros mudos, no pueden ladrar; soñolientos,

echados, aman el dormir. Y esos perros comilones

son insaciables; y los pastores mismos no saben entender;

todos ellos siguen sus propios caminos, cada uno busca

su propio provecho, cada uno por su lado.

Venid, dicen, tomemos vino, embriaguémonos de sidra;

y será el día de mañana como este, o mucho más excelente”.12


Hay un desastre social cuando los que tienen la ley de Dios se desvían tras la mentira y los placeres de la vida. Cuando los pastores, maestros, profetas, evangelistas y apóstoles abandonan sus posiciones, es el momento cuando las fuerzas del enemigo se desatan con más fuerza sobre la sociedad. Peor aún, cuando lo padres dejan de enseñar el camino correcto a sus hijos es el momento que la destrucción es inminente. El panorama que describe Isaías es terrible, está hablando específicamente de los pastores. El panorama social entre ellos aparentaba que todo estaba bien, según sus vanas ideas brindaban pensando que el día de mañana sería muy feliz. Sin embargo, su situación era totalmente lamentable y de ruina para con Dios. Lo que ellos consideraban justo y verdadero no concordaba con la mente de Dios. ¿Se parecerá ese panorama a nuestros días? Vivimos en tiempos donde todos parecen tener la excusa perfecta para justificar lo que sea dentro de las iglesias de Dios, así como en la misma sociedad. Se están levantando hombres astutos que vienen a defender sus enormes panzas y sus intereses en ves de la ley de Dios y la salud social. Frente a este escenario, no podemos hacer el mismo papel de “ciegos, mudos, soñolientos, dormilones, comilones, desentendidos, egoístas, borrachos e ignorantes”. Tenemos la ley de Dios que nos conduce a despertar de todo sueño y letargo.


Golpes de espada enemiga


Hoy más que nunca es el momento en la historia cuando la espada está siendo lanzada con violencia sobre la ciudad para mucho más que herirla, darle muerte de una vez y por todas. Vivimos en el tiempo cuando Lucifer en toda su furia se ha lanzado contra la familia, la iglesia, y contra el cristianismo sabiendo que tiene poco tiempo para actuar.13 Todas las plataformas que componen la sociedad están siendo azotadas. Estas son: La legislatura, el gobierno, la educación, el comercio, los medios de comunicación, la religión y todas aquellas instituciones que componen la mente de un pueblo. Tenemos políticos que llenan las vacantes pero que a la hora de defender la moral salen huyendo. No son capaces de defender la sociedad sino que velan como lobos hambrientos por el amor al dinero y bienes para sí. Muchos de ellos han sido destruidos en lo personal y les da igual que millares perezcan de la misma forma. Los políticos son incapaces de discernir entre lo bueno y lo malo. Un ejemplo de esto es como han estado aprobando leyes a favor de la homosexualidad. Si unes hombres con hombre y mujeres con mujeres atentas contra la existencia de la sociedad misma, en cambio se debate toda clase de palabrería buscando justificar toda aberración social. De la misma manera, las otras plataformas están siendo bombardeadas de tal forma que la sociedad va rumbo a la misma anarquía. La responsabilidad que tenemos frente a nosotros no es hacer voto de sigilo frente a la maldad sino hacer lo que Dios manda, levantar nuestra voz de alerta.




1 Ezequiel 33:1-9

2 Santiago 4:17

3 Proverbios 22:6

4 I Samuel 1-2, 3:13

5 Eclesiastés 12:11

6 Hebreos 12:5-11

7 Deuteronomio 12:8

8 Isaías 5:20

9 Éxodos 20

10 Deuteronomio 30:19

11 Salmo 121:4

12 Isaías 56:10-12