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viernes, 25 de mayo de 2012

El pecado del silencio ¿Van al cielo los atalayas mudos?

Hay sectas, hay denominaciones cristianas quienes afirman que el simple hecho de poner en tu boca el nombre de Cristo, ya eso te conduce de forma directa al mismo cielo. Sin embargo, la realidad es otra. Dios en su Palabra hace una clara separación entre aquellos quienes le honran solamente de boca, versus aquellos que viven por la fe procurando ir en pos de Cristo de forma sincera. Dios conoce cuando el hombre sólo dice palabras:



"Porque este pueblo se acerca a mí con su boca, y con sus labios me honra, pero su corazón está lejos de mí" (Is. 29:13)


Este verso es una amonestación para el que piensa que por afirmar ser cristiano tiene el cielo gano. Dios demanda separación y salida del mundo. Y esa separación envuelve también ser luz y no tinieblas para otros. Dice:

"y al que sabe hacer lo bueno, y no lo hace, le es pecado." (Santiago 4:17)


Saber el camino, y quedar callado mientras el mundo perece, es estar igualmente perdido que el mundo.

"Ni se enciende una luz y se pone debajo de un almud, sino sobre el candelero, y alumbra a todos los que están en casa." (Mateo 5:15)

Si eres luz, vive en la luz, y habla de la luz con tus hechos para que los hombres puedan glorificar a Dios.


Sobre el ser luz y ser atalaya


Si Dios te ha llamado a ser luz, debe haber una separación. Dios llamó a Abraham a salir de su tierra y de su parentela. Salió de una tierra de idolatría para ir en pos del llamado del único Dios verdadero. De la misma manera, la iglesia, el vocablo "Ekklesia" significa "llamados a salir". Salimos de las viejas prácticas del mundo, sus gustos, sus intereses, sus costumbres, sus tradiciones, su movida para entrar en el mover de Dios y su Palabra. No se debe llamar "iglesia" cualquier grupo que afirmando ser cristiano, permanece en la vieja vida del mundo.


"En cuanto a la pasada manera de vivir, despojaos del viejo hombre, que está viciado conforme a los deseos engañosos, y renovaos en el espíritu de vuestra mente, y vestíos del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad." (Efesios 4:22-24)

Tener en nuestra boca el nombre de Dios y permanecer en los gustos del mundo, es creer en vano (I Corintios 15:2)

Afirmar ser un creyente y cerrar la boca, es pecado.


"Vino a mí palabra de Jehová, diciendo: Hijo de hombre, habla a los hijos de tu pueblo, y diles: Cuando trajere yo espada sobre la tierra, y el pueblo de la tierra tomare un hombre de su territorio y lo pusiere por atalaya, y él viere venir la espada sobre la tierra, y tocare trompeta y avisare al pueblo, cualquiera que oyere el sonido de la trompeta y no se apercibiere, y viniendo la espada lo hiriere, su sangre será sobre su cabeza. El sonido de la trompeta oyó, y no se apercibió; su sangre será sobre él; mas el que se apercibiere librará su vida. Pero si el atalaya viere venir la espada y no tocare la trompeta, y el pueblo no se apercibiere, y viniendo la espada, hiriere de él a alguno, éste fue tomado por causa de su pecado, pero demandaré su sangre de mano del atalaya. A ti, pues, hijo de hombre, te he puesto por atalaya a la casa de Israel, y oirás la palabra de mi boca, y los amonestarás de mi parte. Cuando yo dijere al impío: Impío, de cierto morirás; si tú no hablares para que se guarde el impío de su camino, el impío morirá por su pecado, pero su sangre yo la demandaré de tu mano. Y si tú avisares al impío de su camino para que se aparte de él, y él no se apartare de su camino, él morirá por su pecado, pero tú libraste tu vida." (Ezequiel 33:1-9)


Vivimos en el tiempo donde los hombres se encuentran durmiendo en sueños de laureles, con sus mentes puesta en el materialismo, las comodidades, las cosas pasajeras de este mundo. Nadie quiere ser luz, todos quieren vivir cómodamente, entretenidos, saciando sus vientres, recibiendo provecho personal por toda clase de medios, y procurando crear cercas de protección para no ser molestados en la búsqueda de sus mundos ideales. Ya Dios describió en su Palabra este escenario:

“Sus atalayas son ciegos, todos ellos ignorantes; todos ellos perros mudos, no pueden ladrar; soñolientos, echados, aman el dormir. Y esos perros comilones son insaciables; y los pastores mismos no saben entender; todos ellos siguen sus propios caminos, cada uno busca su propio provecho, cada uno por su lado. Venid, dicen, tomemos vino, embriaguémonos de sidra; y será el día de mañana como este, o mucho más excelente.” (Isaías 56:10-12)

¿Qué Dios esperaba de ellos? Dios esperaba que fueran luz, que fueran su voz de advertencia para un mundo perdido:

“Clama a voz en cuello, no te detengas; alza tu voz como trompeta, y anuncia a mi pueblo su rebelión, y a la casa de Jacob su pecado. Que me buscan cada día, y quieren saber mis caminos, como gente que hubiese hecho justicia, y que no hubiese dejado la ley de su Dios; me piden justos juicios, y quieren acercarse a Dios.” (Is. 58:1-2)

¿Tendrá complacencia el corazón de Dios al ver semejante espectáculo religioso?


¿Guardas silencio o eres luz con tus hechos para que los hombres puedan ver a Dios?

“!!Oh almas adúlteras! ¿No sabéis que la amistad del mundo es enemistad contra Dios? Cualquiera, pues, que quiera ser amigo del mundo, se constituye enemigo de Dios.” (Stg. 4:4)