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jueves, 10 de marzo de 2011

Cuando Dios dice: No

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Y para que la grandeza de las revelaciones no me exaltase desmedidamente, me fue dado un aguijón en mi carne, un mensajero de Satanás que me abofetee, para que no me enaltezca sobremanera; respecto a lo cual tres veces he rogado al Señor, que lo quite de mí. Y me ha dicho: Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo. Por lo cual, por amor a Cristo me gozo en las debilidades, en afrentas, en necesidades, en persecuciones, en angustias; porque cuando soy débil, entonces soy fuerte. (II Corintios 12:7-10)


Hoy muchos predican un falso evangelio donde no hay lugar para el no. Afirman que obtienes todo por medio del declarar positivo. Colocan las palabras en el lugar de Dios. Afirman que TODO lo puedes obtener si incubas una idea, confiesas, declaras y crea tu propia realidad. Luego te achacan la culpa si no obtienes un milagro por medio de esas “técnicas”. Afirman que eres de fe escasa.


Sin embargo, aunque la Biblia habla de fe, esa fe no es todopoderosa en si misma. Quien es todopoderoso en si mismo es Dios. La fe meramente es un medio para obtener una acción del Dios todopoderoso a nuestro favor.


Es por esto que existe una gran diferencia en lo que enseña la Biblia y lo que enseña la Nueva Era ahora cristianizada. Lo que enseña la Biblia es que puedes pedirle al Dios todopoderoso que te responda y Él lo hará si entiende que es lo que necesitas para tu vida. En cambio, la “fe” o técnicas de fe de la Nueva Era cristianizadas afirman y predican que todo lo que pides recibirás. Es una clase de falsa fe donde no hay lugar para el no.


He visto personas que sin siquiera pedir sanidad para alguna enfermedad, Dios mueve su mano y los sana. Y también he visto gente con toda la fe del mundo y mueren de una enfermedad. Lo que parece ser una tragedia o aparente fracaso, para Dios es una muestra de fe y de fidelidad.


II Corintios 12:7-10 nos dice que en la fe bíblica, sí hay lugar para el no. Sin embargo, ese “no” siempre será por nuestro bien. No nos dejemos llevar de milagros ni de milagreros. Sigamos la verdad de la Biblia, ya que es la lámpara para nuestros pies.