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lunes, 3 de septiembre de 2012

Todo el mundo afirma ser religioso o "cristiano" pero no son muchos los que quieren pagar el precio que hace evidente una relación sincera con Dios

"Al salir él para seguir su camino, vino uno corriendo, e hincando la rodilla delante de él, le preguntó: Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna? Jesús le dijo: ¿Por qué me llamas bueno? Ninguno hay bueno, sino sólo uno, Dios. Los mandamientos sabes: No adulteres. No mates. No hurtes. No digas falso testimonio. No defraudes. Honra a tu padre y a tu madre. El entonces, respondiendo, le dijo: Maestro, todo esto lo he guardado desde mi juventud. Entonces Jesús, mirándole, le amó, y le dijo: Una cosa te falta: anda, vende todo lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven, sígueme, tomando tu cruz. Pero él, afligido por esta palabra, se fue triste, porque tenía muchas posesiones." (Marcos 10:17-22)

En el mundo existen miles de religiones, muchas de ellas contienen preceptos morales y tratan de formar lo que en su entendimiento son "hombres buenos", sin embargo hay una verdad fundamental que Jesús dice en su Palabra, y es que hay algo más que pretender ser bueno. La historia del joven rico que citamos anteriormente nos muestra que hay gente que llevan una vida que delante de sus propios ojos se considera buena o justa. Aquel joven había escuchado de Jesús, porque siguió a Jesús y se postró delante de él para hacerle una pregunta. Hasta aquí todo iba bien, era un hombre que iba por buen camino y en la dirección correcta. Delante de él se encontraba el Creador del universo y de todos los hombres. Estaba preguntándole a Jesús de Nazaret. La pregunta del hombre fue, ¿qué haré para heredar la vida eterna? Jesús le contestó que para heredar la vida eterna debía guardar los mandamientos. Inmediatamente el hombre pensó que ya tenía el cielo gano. Sin embargo, Jesús le dijo que todos esos buenos elementos que aquel joven poseía, no eran suficientes para entrar al cielo. Jesús lo miró con amor y le dijo: "Una cosa te falta: anda, vende todo lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven, sígueme, tomando tu cruz." ¿Qué significado tienen las Palabras de Jesús? Jesús no le estaba diciendo a aquel joven que se quedara sin nada y o que fuera un mendigo. Jesús lo que le estaba diciendo era que la salvación del hombre se obtiene con algo más que una vida justa o moral, se obtiene siguiendo y obedeciendo a Jesús. Sirviendo a Jesús en medio de las luchas de la vida. Además de las buenas obras, era necesario seguir y obedecer a Jesús. Ante la oferta que hizo Cristo, aquel joven encontró que era demasiada exigencia, por lo que se fue entristecido.

Todos quieren ser salvos, pero nadie quiere llevar la cruz que Dios nos ha encomendado. La cruz que Dios nos ha encomendado es ligera de carga, es simplemente seguir a Jesús y obedecerle en la vida. Dejar de ser rebeldes para ser obedientes a su Palabra. Dejar de imponer nuestro ego y decisiones para permitir que sea la Palabra de Dios quien determine nuestro destino. Muchos quieren ser salvos y afirman seguir a Jesús, pero son pocos los que le obedecen. Son muchos los que le llaman: "Señor", pero son pocos los que hacen lo que él dice que hagamos.

La vida del hombre moderno

Muchos hombres en le mundo de hoy afirman haber recibido a Cristo. Pasado dos años, los vemos revolcándose en el fango del pecado. Por un lado afirman ser cristianos, pero por otro se niegan a apartarse de los placeres del mundo, la búsqueda de fama, gloria, ganancias basadas en cosas no aprobadas en la Palabra, vanagloria de la vida, y cosas semejantes a estas. Jesús dijo que hay diferentes tipos de terrenos. Hay quien al conocer a Cristo, lo suelta todo y se salva, pero hay quienes son seducidos por toda clase de cosas que hacen infructuosa la Palabra que una vez fue sembrada en ellos. Dice:

"Aquel día salió Jesús de la casa y se sentó junto al mar. Y se le juntó mucha gente; y entrando él en la barca, se sentó, y toda la gente estaba en la playa. Y les habló muchas cosas por parábolas, diciendo: He aquí, el sembrador salió a sembrar. Y mientras sembraba, parte de la semilla cayó junto al camino; y vinieron las aves y la comieron. Parte cayó en pedregales, donde no había mucha tierra; y brotó pronto, porque no tenía profundidad de tierra; pero salido el sol, se quemó; y porque no tenía raíz, se secó. Y parte cayó entre espinos; y los espinos crecieron, y la ahogaron. Pero parte cayó en buena tierra, y dio fruto, cuál a ciento, cuál a sesenta, y cuál a treinta por uno. El que tiene oídos para oír, oiga. ...Oíd, pues, vosotros la parábola del sembrador: Cuando alguno oye la palabra del reino y no la entiende, viene el malo, y arrebata lo que fue sembrado en su corazón. Este es el que fue sembrado junto al camino. Y el que fue sembrado en pedregales, éste es el que oye la palabra, y al momento la recibe con gozo; pero no tiene raíz en sí, sino que es de corta duración, pues al venir la aflicción o la persecución por causa de la palabra, luego tropieza. El que fue sembrado entre espinos, éste es el que oye la palabra, pero el afán de este siglo y el engaño de las riquezas ahogan la palabra, y se hace infructuosa. Mas el que fue sembrado en buena tierra, éste es el que oye y entiende la palabra, y da fruto; y produce a ciento, a sesenta, y a treinta por uno." (Mateo 13: 1-23)

¿Qué clase de terreno compone nuestra vida? ¿Podrá Dios encontrar el fruto que busca en nosotros? ¿Seremos un fruto que dará gozo a Dios o seremos árboles quemados en fuego?