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martes, 9 de febrero de 2010

La santidad de Dios no se desvanece por su perfecto amor

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Hay gente que piensa que por el hecho de que Dios es amor esto lo hace incapaz de juzgar o castigar a nadie y mucho menos de entregarnos al tormento eterno. Sin embargo, se nos dice que ese mismo Dios que es amor, también es santo, puro, sublime y muchos atributos por los cuales el pecado y la injusticia no estarán cohabitando en su morada. El mismo Dios que nos dice que es todo amor, también nos dice que es fuego que consume.


¿Acaso no salva Dios a los pecadores?


Podrá alguno decir: “¿acaso no salva Dios a los pecadores?”


La respuesta es sí, Dios salva a pecadores, pero a pecadores arrepentidos que se han tornado de sus maldades hacia el camino de la santidad de Dios.


Nadie que anhele la salvación puede permanecer en su primer estado de maldad, sino que tiene que ir en pos de Dios por un camino diferente al que tenía primero.


El santo amor de Dios no tolerará el pecado


¿Qué, pues, diremos? ¿Perseveraremos en el pecado para que la gracia abunde? En ninguna manera. Porque los que hemos muerto al pecado, ¿cómo viviremos aún en él? ¿O no sabéis que todos los que hemos sido bautizados en Cristo Jesús, hemos sido bautizados en su muerte? Porque somos sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva. Porque si fuimos plantados juntamente con él en la semejanza de su muerte, así también lo seremos en la de su resurrección; sabiendo esto, que nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con él, para que el cuerpo del pecado sea destruido, a fin de que no sirvamos más al pecado. (Rom 6:1-6)


No más al pecado


Por tanto, ceñid los lomos de vuestro entendimiento, sed sobrios, y esperad por completo en la gracia que se os traerá cuando Jesucristo sea manifestado; como hijos obedientes, no os conforméis a los deseos que antes teníais estando en vuestra ignorancia; sino, como aquel que os llamó es santo, sed también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir; porque escrito está: Sed santos, porque yo soy santo. Y si invocáis por Padre a aquel que sin acepción de personas juzga según la obra de cada uno, conducíos en temor todo el tiempo de vuestra peregrinación; sabiendo que fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro o plata, sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación, ya destinado desde antes de la fundación del mundo, pero manifestado en los postreros tiempos por amor de vosotros, y mediante el cual creéis en Dios, quien le resucitó de los muertos y le ha dado gloria, para que vuestra fe y esperanza sean en Dios. Habiendo purificado vuestras almas por la obediencia a la verdad, mediante el Espíritu, para el amor fraternal no fingido, amaos unos a otros entrañablemente, de corazón puro; siendo renacidos, no de simiente corruptible, sino de incorruptible, por la palabra de Dios que vive y permanece para siempre. ( I Pedro 1: 13-23)


Evidencias de que hemos recibido el amor de Dios


Una de las evidencias que hemos recibido el amor de Dios es guardando sus mandamientos alejándonos del pecado.


El que me ama, mi palabra guardará; y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada con él. (Juan 14:23)


Evidencia de que somos aceptados por Dios


Si me amáis, guardad mis mandamientos. (Juan 14:15)


Un amor incondicional frente a un Dios santo


El amor incondicional de Dios el cual desea el bien para el hombre, necesita que el hombre se vuelva hacia a Dios y no permanezca lejos de su amor por causa del pecado. Dios es la puerta, pero el hombre debe entrar por la puerta; Dios es el camino, pero el hombre debe caminar por él; Dios es la verdad, pero el hombre debe conocerle; Dios es amor, pero el hombre debe tener comunión y reverencia ante ese amor.


¿Qué le brinda el hombre a Dios a cambio del amor?


¿Bofetadas? (Juan 19:3)

¿Azotes? (Lucas 22) (Mateo 27:26)

¿Escupitajos? (Mateo 26:67)

¿Heridas? (Is. 50:6)

¿Puñetazos? (Mateo 26:67)

¿Burlas? (Lucas 22:63)

¿Blasfemias? (Juan 19:3)

¿Pisotear su sangre? (Hebreos 10:29)


¿O le brindaremos lo que realmente el desea, un corazón contrito y humillado? (Marcos 14:2-4) (Lucas 7:36-38) (Salmo 51:17)


Los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado; Al corazón contrito y humillado no despreciarás tú, oh Dios. (Salmo 51:17)



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Testimonio de Jennifer Perez:

Escucha el impactante testimonio de la niña de 15 años que Dios llevó al cielo y también a las partes bajas de la tierra:

MP3 WMV

El Infierno (9400KB)
El Infierno (50.6MB)
El Infierno
(107MB)



http://www.freecdtracts.com/testimonio/jennifer_perez.htm


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