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viernes, 30 de marzo de 2012

A precio de sangre

Jesucristo, siendo el Dios eterno, perfecto y sin mancha escogió venir a la tierra a salvar a los hombres dando su vida en sacrificio en un madero para luego resucitar al tercer día y redimir al hombre de sus pecados. El sabía que el castigo por la maldad humana, el infierno, era demasiado horrendo para ser soportado por hombre alguno. Fue por esa razón y teniendo en mente el que los hombres no lleguen a ese lugar de eterna condenación, que Dios, siendo santo, tomó humanidad, caminó entre los hombres, muchos no les creyeron sus palabras y fue puesto en escarnio, por burla entre los hombres. No escondió su rostro de bofetadas, de golpes y de puñetazos. Escupieron su rostro, se mofaron, le maldecían, crujían contra él sus dientes, le azotaron, le pusieron una corona de espina en su cabeza burlándose de su realeza. Le pedían que profetizara, burlándose de su omnisciencia. Le traspasaron sus manos, sus pies y su costado, creyendo que con esto le darían la muerte. Le dieron a beber vinagre en su sed. Luego de todo ese escarnio, con todo y eso, por sus labios salieron palabras de perdón. Sin embargo, con todo y eso, todavía unos prefieren en infierno, porque piensan que nunca llegarán a ese lugar. VEA: INFIERNO ES REAL