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sábado, 22 de noviembre de 2008

La Gracia bíblica NO es una licencia para permanecer en las obras del pecado y la carne

Por David Wilkerson
27 de agosto de 2001
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En su carta a la iglesia, Judas hace una tremenda advertencia. Escribe, “… a los que el Padre ama y ha llamado, los cuales son protegidos por Jesucristo…… he sentido grandes deseos de escribirles para rogarles que luchen por la fe que una vez fue entregada a los que pertenecen a Dios. Porque por medio de engaños se han infiltrado ciertas personas… hombres impíos que cambian en libertinaje la gracia de nuestro Dios y niegan a nuestro único Soberano y Señor, Jesucristo." (Judas 1-4).

Judas nos previene de que entrarán falsos pastores infiltrados en la casa de Dios con una meta en mente: convertir la gracia del Señor en lascivia. Dice, “Satanás esta enviando cierta falsa doctrina para que se infiltre en la iglesia. Y vendrá a través de predicadores, maestros y evangelistas. Tomarán la gracia de Dios para torcerla sutilmente, manipulándola, hasta producir lascivia en el pueblo de Dios.”

Para entender la seriedad de la advertencia de Judas, necesitamos comprender el significado de lascivia. Este término abarca a todas las variedades concebibles del pecado. En términos literales, lascivia significa “falta de disciplina moral, rechazo a las normas aceptadas de la moral”. La palabra proviene del latín “lascivia,” que significa pasión suelta, desbocada y codicia. Significa permisividad, desorden, el abandono de todos los frenos. También representa a todo lo sucio, degradante, lujurioso y obsceno.

Jesús llamó a la lascivia un pecado del corazón: “Lo que sale del hombre, eso es lo que contamina al hombre. Porque de adentro, del corazón de los hombres, salen los malos pensamientos, fornicaciones, robos, homicidios, adulterios, avaricias, maldades, engaños, sensualidad, envidia, calumnia, orgullo e insensatez" (Marcos 7:20-22).

Igual que Judas, el apóstol Pablo también aludió a la lascivia que veía en la iglesia. Escribió a los corintios en términos directos, “Porque temo que cuando vaya a verlos, quizá no los encuentre como quisiera… y yo tenga que llorar por muchos que han pecado anteriormente y no se han arrepentido de la impureza, inmoralidad y sensualidad que han practicado" (2 Corintios 12:20-21).

En este mismo pasaje, Pablo llama a los corintios sus “amados.” En efecto, ellos eran los hijos de Pablo en el Señor. Y fueron bendecidos de forma increíble por Dios. Habían sido instruidos por el mismo Pablo, Timoteo, Tito y otros ministros piadosos. Y Pablo les recordaba, “… y todo esto… es para su edificación" (12:19).

Cuando leemos las dos cartas de Pablo a esta iglesia, vemos las enseñanzas increíblemente poderosas que les llevó. Escribió sobre la resurrección, la venida del Señor, el trono de juicio de Cristo, la muerte al pecado, la justificación por la fe, el cielo, y el infierno. Con fidelidad, Pablo advirtió a esta comunidad, la halagó, les rogó. Sin duda, ningún otro grupo de creyentes ha sido pastoreado más amorosamente, más confrontado con la verdad, y más edificado por el Evangelio de la gracia.

Además, los corintios fueron bendecidos más allá de las enseñanzas de Pablo. Ellos habían experimentado poderosos movimientos y obras del Espíritu Santo en sus medios. Habían recibido muchos dones espirituales, incluyendo sanidades, profecías, interpretaciones, revelaciones divinas. Esta iglesia era un cuerpo vibrante, profético, y encendido.

A pesar de todo, increíblemente, algunos creyentes bendecidos seguían viviendo en inmoralidad. Pablo acusó a “muchos” de ser lascivos (12:21). Escribió, “Esta es la tercera vez que voy a visitarlos… a los que antes pecaron, y a todos, ahora… que si voy otra vez a visitarlos, no voy a tenerles consideración… Les escribo esta carta antes de ir a verlos, para que cuando vaya no tenga que ser tan duro en el uso de mi autoridad, la cual el Señor me dio, no para destruirlos, sino para su edificación” (13:1-2, 10).

Pablo no andaba con rodeos. Decía, “dos veces les he advertido del pecado que hay en su congregación. Todos ustedes han recibido una prédica divina y condenatoria. Todos han tomado del don de gracia de Dios. Y aun así algunos de ustedes han torcido deliberadamente esa gracia al seguir viviendo en impureza. Les recuerdo que mi don es edificar, no destruir. He sido llamado a edificarlos en la preciosa fe. Pero cuando regrese por tercera vez, no tendré otra alternativa que ser rudo con ustedes. No pasaré por alto a nadie que siga entregándose al pecado.”

Ahora le pregunto a usted: ¿Cómo es que esta gente, bendecida de manera tan abundante, podía seguir viviendo en una condición tan sórdida? Esperamos que el mundo sea lascivo, complaciéndose libremente en su lujuria, pero no el pueblo de Dios. Evidentemente, sin embargo, este pecado se había vuelto incontrolable en la casa de Dios.

Podemos hacer esta misma pregunta
sobre la Iglesia en la actualidad

Todos los domingos, los cristianos profesantes se reúnen en la casa de Dios para adorar, escuchar su palabra y disfrutar de la hermandad. Con todo, muchas de estas personas de apariencia piadosa llevan vidas llenas de lujuria. Fornican, tienen aventuras amorosas, alimentan su adicción a la pornografía. Dígame, ¿cómo un creyente que ha recibido la luz podría seguir haciendo tales cosas?

Primero, consideremos la profecía de Apocalipsis 12. Nos dice que un demonio enfurecido invadirá la tierra durante los últimos días para seducir al pueblo de Dios: “El diablo ha descendido a vosotros con gran ira, sabiendo que tiene poco tiempo. Y cuando vio el dragón que había sido arrojado a la tierra, persiguió a la mujer que había dado a luz al hijo varón… Y la serpiente arrojó de su boca, tras la mujer, agua como un río, para que fuese arrastrada por el río" (Apocalipsis 12:12-15).

Este pasaje describe el ataque de Satanás a la iglesia en estos últimos días. El diablo va a expulsar un flujo de inmundicia tan grande y poderoso, que desviará inclusive a muchos de los elegidos de Dios. Pablo les dijo a los corintios que esto ya estaba ocurriendo entre ellos, pues muchos ya habían sido arrastrados por el torrente de lascivia de Satanás.

Yo profeticé el fenómeno en mi libro escrito en 1974, titulado La Visión. Esto era antes de que existieran los sistemas caseros de vídeo, una época en que ni siquiera se podía usar la palabra sexo en la TV. Escribí:

¿Cómo intentará Satanás de acosar y engañar al pueblo escogido de Dios? Lo va a hacer seduciendo a la humanidad y creando un derrumbe moral. Va a abrir las compuertas del infierno y buscara bautizar al mundo en bazofia erótica, basura y sensualidad. Este derrumbe moral superará cualquier cosa que la mente humana pueda conjurar. Desde ya, los espíritus demoníacos de la codicia arrasan a las naciones, llevando desnudez, perversión y una inundación de inmundicia.

Se acerca un baño de suciedad para acosar las mentes y almas de los cristianos más devotos. La Biblia dice que Lot fatigaba su mente día y noche por las cosas que veía y escuchaba en Sodoma. Pronto los cristianos van a ser expuestos a una inmundicia y a una sensualidad tan violentas que hará falta aferrarse fuerte a Dios para sobrevivir. Aquellos que están en dos aguas van a caer sobre sus rostros. Quienes no entren en el arca de la seguridad de Dios serán arrasados por este flujo de suciedad.

Las principales cadenas de TV quedarán atrapadas en este derrumbe. Predigo que los programas televisivos pronto difundirán escenas con los pechos femeninos al descubierto. Los pechos al descubierto serán la nueva moda en aquellos que buscan liberalizar los medios de comunicación. La cosa se hará al principio con “gusto” estético. Pero cuando la comunidad artística se una en un coro de alabanzas por este gran logro de libertad, las compuertas se abrirán y entonces no habrá freno. Inclusive los clérigos aplaudirán la desnudez en la TV, diciendo que es un avance saludable.

Sorprendentemente, quienes se opongan no serán ministros y aquellos conocidos como cristianos devotos, sino más bien personas involucradas en la política y en el mismo Hollywood.

Permanezcan alertas, en un futuro no muy distante las películas pornográficas más sórdidas se transmitirán por el cable después de la medianoche. La televisión por cable ya es un blanco para los promotores de la pornografía. En unas pocas ciudades de Estados Unidos, Canadá y Europa, las películas triple X están disponibles en algunos hoteles. Vienen de Suecia, Dinamarca y los Estados Unidos. Estas viles películas proyectarán desnudez, relaciones sexuales, homosexualidad, perversión animal y sadismo.

La gente pagará para que estas películas eróticas le lleguen directas a sus dormitorios… Se podrán ver por medio de un mecanismo electrónico, directo a sus hogares. Y nuestros hogares se llamarán palacios de placer.

Yo escribí esto hace 27 años. No solamente ha ocurrido todo lo mencionado; ahora está fuera de control, incluso en la iglesia.

No obstante, la mayoría de cristianos que leen este mensaje probablemente piensen que esto no tiene que ver con ellos. Se preguntan, “¿Por qué escribir este tipo de cosas a siervos que nunca se complacen en ningún tipo de lascivia? Necesitamos ser instruidos y edificados.”

Déjenme explicarles la razón por la cual escribo esto a creyentes piadosos y devotos:

Ésta no es una advertencia para aquellos
que entran clandestinamente en cines
pornográficos o alquilan videos sucios

No escribo esto para los cristianos que se complacen en la inmundicia, ya sea por la TV, los videos o la Internet. Más bien, mi objetivo es que usted examine el tipo de evangelio en el que cree. Esto involucra su concepto de gracia. Quiero que pruebe si permitirá que entre en su corazón cualquier tipo de falsa doctrina acerca del significado de la gracia de Dios. A fin de cuentas, ésta puede ser una cuestión de vida o muerte.

El diablo probablemente no tenga interés en engancharlo a las cosas sucias. Quizás él sepa que usted no puede ser tentado a cometer pecados vulgares. Sin embargo, si él puede pervertir su concepto de la gracia –si él puede lograr que usted vea la gracia como una excusa para la permisividad—entonces puede llevarlo camino a la esclavitud. Pronto estará haciendo cosas que nunca hubiera concebido. Y lo peor, le habrá vendido la mentira de que no hay problema en complacer a su codicia.

Por este motivo, Judas no anda con rodeos. Nos dice inmediatamente porque muchos en la casa de Dios están siendo desviados por el torrente de lascivia del diablo: "…Porque por medio de engaños se han infiltrado ciertas personas… hombres impíos que cambian en libertinaje la gracia de nuestro Dios y niegan a nuestro único Soberano y Señor, Jesucristo." (Judas 4). En este solo verso, Judas pone en evidencia todo el plan de Satanás para engañar a los elegidos de Dios. El diablo traerá a la iglesia a todo tipo de ministros para pervertir el Evangelio de la gracia.

Sin embargo, si usted tiene una comprensión genuinamente bíblica de la gracia, el enemigo no lo puede engañar. Nunca podrá seducirlo para llevarlo a la lascivia. De modo que, ¿cuál es la auténtica gracia bíblica?

La auténtica gracia bíblica es poder del
Espíritu Santo para vivir una vida
santa y luchar contra la impiedad.

"Porque la gracia de Dios se ha manifestado para salvación a todos los hombres, enseñándonos que, renunciando a la impiedad y a los deseos mundanos, vivamos en este siglo sobria, justa y piadosamente, aguardando la esperanza bienaventurada y la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo" (Tito 2:11-13).

Este pasaje revela dos características que la gracia bíblica siempre produce en la vida de un creyente: 1) Una expectación y un anhelo por la segunda venida del Señor, y 2) un temor y una reverencia santa hacia el Señor. Estos dos frutos de la obra de la gracia son inseparables. Sencillamente no podemos poseer uno sin el otro.

El autor de Hebreos nos urge, "Tengamos gratitud y mediante ella sirvamos a Dios agrandándole con temor y reverencia" (Hebreos 12:28). Este verso enlaza a la gracia directamente con la reverencia. En resumen, la reverencia es un concepto divino que incluye temor, respecto y sobriedad.

El apóstol Pedro también relaciona la gracia con la sobria reverencia: "Ceñid los lomos de vuestro entendimiento, sed sobrios, y esperad por completo en la gracia que se os traerá cuando Jesucristo sea manifestado" (1 Pedro 1:13). Pedro no nos está animando a poner caras largas o andar por ahí sin gozo. Por lo contrario, habla de una reverencia que produce auténtica alegría del corazón. En esencia, dice, “Si tienen una revelación de la gracia de Jesús--su amor, santidad y belleza— producirá en ustedes temor y reverencia.”

Ahora, cuando Judas habla que hombres impíos se infiltrarán en la iglesia, la palabra que utiliza para “impíos” significa “hombres sin reverencia.” En otras palabras, estos maestros introducirán ligereza y liviandad en la casa de Dios. Intentarán distorsionar y pervertir toda reverencia hacia las cosas del Señor.

Jeremías profetizó de tales hombres impíos, "He aquí yo estoy contra los que… hacen errar a mi pueblo con sus mentiras y con sus lisonjas" (Jeremías 23:32). La palabra ligereza en este verso significa frivolidad. Jeremías dice, “Estos falsos maestros se ríen de todas las cosas que se deben reverenciar, respetar y mirar con temor. Ellos ridiculizan la sobriedad que viene de la verdadera adoración al Señor.”

¿Cuál es el propósito del diablo al traer un espíritu de ligereza? Es hacerle creer que el Señor no es severo frente al pecado. Satanás quiere que usted piense que no hay ira en el Señor, que su gracia cubre todo juicio justo. De modo que, a veces, escuchará al enemigo susurrar, “No te preocupes por tu lujuria. Hay abundante misericordia y perdón en el Señor.”

Pablo dice que todos estos hombres impíos "detienen con injusticia la verdad" (Romanos 1:18). En otras palabras, han conocido la verdad y la han saboreado. Han sido edificados y reprobados por ella. "Pues Dios se lo manifestó" (1:19). Pero, pesar de haber sido bendecidos por la verdad de Dios, se alejaron de ella. Rehusaron dejar sus prácticas lascivas y en su lugar se entregaron a su lujuria. A su vez, Dios los entregó al engaño de sus pecados.

Cuando Judas dice "convierten en libertinaje la gracia de Dios" (Judas 4), la palabra “volver” significa que algo cambia, que algo se añade. Viene de una palabra que significa abatir a la verdad, es decir, ponerla en el suelo y volverla pasiva. En resumen, la gracia de Dios una vez estuvo erguida y activa en la vida de estos hombres impíos. Pero como no dejaron su pecado, la arrojaron al suelo y la pisotearon, y la despojaron de todo su sentido y poder. Como Isaías se lamentaba, "la verdad tropezó en la plaza… la verdad fue detenida" (Isaías 59:14-15).

Hoy veo que la gracia de Dios se maneja así en la iglesia. Recientemente vi una cinta de vídeo de una iglesia que llevaba a cabo un servicio al estilo del programa de chismes de David Letterman. El pastor hacía una lista de las diez principales razones por las cuales los chicos se aburren en la iglesia. Algunas de las cosas que mencionó eran tan tontas, tan distantes del verdadero carácter de Cristo, que no puedo repetirlas. Pero toda la congregación se reía y aplaudía. Aquel pastor convertía el Evangelio de la gracia en frivolidad. Al torcer sutilmente su significado, la derribaba y le despojaba de su poder.

Puede que usted se pregunte: ¿De dónde vienen ministros tan impíos? ¿Cómo son capaces de escurrirse en la iglesia para pervertir la gracia de Dios? ¿Es que el diablo los escogió de algún teatro pornográfico y los vistió como ángeles de luz? ¿O son ateos disfrazados de predicadores que se las han arreglado para llegar al púlpito?

No. Pablo dice de tales hombres que, "Dios les manifestó la verdad” (vea Romanos 1:19). En un tiempo, estos hombres conocieron todo el significado de la gracia. Pero, de algún modo, se volvieron adictos a una lujuria a la cual no querían renunciar. En ese punto, comenzaron a retener la verdad en la maldad. Tuvieron que inventar una gracia falsa para excusar su lascivia. De modo que hoy predican a un Cristo falso, por medio de un concepto pervertido de la gracia.

La mayoría de los lectores de este mensaje no
son como los hombres que describe Judas

Judas llama a tales ministros impíos “estos soñadores mancillan la carne, rechazan la autoridad y blasfeman de las potestades superiores” (Judas 8). En contraste, creo que la mayoría de las personas que leen este mensaje son siervos obedientes, temerosos de Dios. No se manchan con la inmundicia. Han abandonado la lascivia y caminan en gracia que lleva a la santidad.

A pesar de todo, creo que algunos creyentes pueden tener problemas con lo que yo llamo “caídas en lascivia.” Estos cristianos no se han rendido a la lujuria, pero tienen encuentros ocasionales con algo sucio. Vemos un ejemplo de esto en el informe de un hotel especializado en convenciones. El informe decía que durante una convención religiosa era cuando había mayor consumo de películas pornográficas pre-pagadas. En efecto, se emitían más películas pornográficas en las habitaciones durante la convención de una iglesia que durante todos los otros tipos de convenciones que se realizaban allí.

Sé que muchos ministros y obreros cristianos pueden ser adictos a algún tipo de lujuria. Las encuestas entre pastores han demostrado que esto es tremendamente cierto. Sin embargo, creo que muchos creyentes son más bien atacados y tienen caídas ocasionales en lascivia. Después de cada complacencia, estos empeñosos siervos sienten el peso de su culpa y se arrepienten. Aún más, anhelan ser liberados de sus caídas ocasionales.

Deseo dirigirme a esos cristianos ahora: Satanás sabe que ustedes van a clamar a Dios cada vez que pecan. Y sabe que siempre van a recibir el perdón de Dios. De modo que mientras tengan alguna medida del temor de Dios en su corazón, él no puede atarlos a ninguna lujuria o pecado. ¿Cómo, entonces, es que el enemigo eventualmente atrapa a un siervo de Dios? ¿Cómo recluta a aquellos que han conocido la gracia genuina, los arma con un evangelio falso y los envía a las iglesias para intentar engañar a los elegidos?

La única manera en que el diablo le puede atar a un pecado es vendiéndole una mentira. En resumen, tiene que convencerlo que su mentira es la verdad. Y él lo hace con frecuencia convenciendo a los cristianos de que todavía pueden aferrarse a la gracia de Dios aunque sigan deleitándose en el pecado. Puede que usted objete, “¿Cómo es que Satanás puede convencer a un cristiano verdadero de que está bien pecar? Nunca podría creer que Dios pase por alto o excuse mi pecado.”

Satanás vende su mentira persuadiendo a los cristianos de que la gracia es como un río interminable de perdón. Nos susurra, “Puedes regresar cuando quieras al pecado siempre que también regreses al altar. ¿No dijo Jesús que debemos perdonar a los demás por lo menos 490 veces? Seguro que tu amoroso Salvador te perdonará muchas veces más. Mientras tengas un corazón arrepentido y te lamentes por tus pecados, no te pasará nada. Puedes entregarte a tu lujuria mil veces, que él te las perdonará todas.”

Esto suena tan cercano a la verdad. En efecto, no hay límites para el perdón de Dios para aquellos que se acercan con un corazón verdaderamente arrepentido. De modo que esta declaración es verdadero evangelio en un 95 por ciento. Sin embargo, el otro cinco por ciento es veneno puro que eventualmente destruirá su alma. Él “cinco por ciento” de mentira de Satanás sobre la gracia es la levadura demoníaca que arruina todo el pan.

¿Usted cree que “esto nunca me podría ocurrir?”

Tal vez piense, “Asisto a una iglesia donde un pastor piadoso predica una palabra bíblica sólida. No conozco a ningún ministro que tuerza el Evangelio de la gracia para provocar la permisividad. Los sermones que escucho son sobre la gracia del Nuevo Pacto, y la misericordia de Dios hacia aquellos que luchan. He aprendido que, aunque no tengo poder en mi carne para vencer al pecado, el Espíritu de Dios me dará fuerza para obedecer su palabra.”

Usted tiene en su poder una verdad increíblemente liberadora, con poder para cambiar vidas. Con todo, si Satanás lo ve caer ocasionalmente en la lascivia, se dará cuenta de que usted tiene una debilidad por su pecado. Sabrá que usted no quiere realmente ser libre. Además, por medio de su continuo pecar, le ha dado entrada en su mente. Y así es como él implantará una mentira en usted. Infundirá en usted una distorsión simple y mortal que suene algo así:

"¿No es esta verdad maravillosamente liberadora? En tu propio ser, no tienes capacidad para resistir al pecado. Así que Dios promete enviarte el Espíritu Santo para que él haga lo que tú no puedes. Todo lo que te toca hacer es seguir lamentándote, y tus resbalones no tendrán importancia. El Espíritu Santo sabe cuándo entrar para darte poder. Ciertamente no puedes ser juzgado por un pecado que no puedes controlar.”

¿Puede ver la mentira insertada en el Evangelio de la gracia? Es la mentira de que los cristianos no son responsables por sus pecados. Y lleva a culpar a Dios por su pecado. Usted dirá, ¿Por qué no vino el Espíritu Santo cuando fui tentado? Esperaba que me diera fuerza, pero nunca apareció. Por eso me rendí a la lujuria. Pero no es mi culpa.”

La verdad es que si usted no desea ser libre de la lujuria, irá corriendo con el don de la gracia de Dios directo al pecado. Pero Pablo aclara el engaño que hay en este pensamiento: "¿Perseveraremos en el pecado para que la gracia abunde? En ninguna manera" (Romanos 6:1-2).

Dios a gracias que Judas nos proporciona tres defensas contra los engaños de las mentiras de Satanás sobre la gracia. Judas escribe, “Pero vosotros, amados, edificándoos sobre vuestra santísima fe, orando en el Espíritu Santo, conservaos en el amor de Dios, esperando la misericordia de nuestro Señor Jesucristo para la vida eterna" (Judas 20-21). Note tres cosas en este verso:

1. Debemos edificar nuestra fe. ¿Cómo? Estudiando con diligencia la Palabra de Dios. Sin embargo, la fe no viene solamente por leer de la Biblia, sino por escuchar –o hacer - lo que leemos. Debemos leer la Palabra de Dios, aplicarla a nuestros corazones, y aceptar su amonestación. Eso producirá sobriedad espiritual en nosotros. Entonces, no importa la clase de mensaje que escuchemos predicar, no seremos arrastrados por las mentiras y la ligereza de ningún hombre.

2. Debemos orar en el Espíritu Santo. Esto significa que no oramos solamente en la iglesia, sino acogiéndonos al Señor en privado. Debemos pedir que el Espíritu de Dios haga brillar su luz en nuestros corazones, y recibamos su corrección, para de este modo recibir gracia por cualquier falta.

3. No debemos estar ansiosos por nada, y en su lugar debemos buscar la venida de nuestro Señor. Si estudiamos la Palabra de Dios y oramos en el Espíritu, entonces haremos sino esperar la repentina venida de Jesús. Sabremos que este mundo no es nuestro hogar, y anhelaremos que nuestro Señor venga por nosotros en cualquier momento.

Si usted esta aplicando estas tres defensas, entonces entenderá la auténtica gracia. Y no será seducido a la lascivia por ningún mensaje de gracia pervertida. Dios nos asegura en su pacto: "Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros… y haré que andéis en mis estatutos, y guardaréis mis preceptos y los pongáis por obra" (Ezequiel 36:26-27). Dios prometió poner su Espíritu en nosotros, el cual nos dará poder para obedecer en todo lo que nos demande nuestro Señor.

Pero Dios ha puesto una condición a esta promesa. Dice, "Yo Jehová he hablado, y lo haré. Así ha dicho Jehová el Señor: Aún seré solicitado por la casa de Israel, para hacerles esto" (36:36-37).

Aquí es donde participa nuestra responsabilidad personal. No debemos vivir pasivamente, siempre esperando que el Espíritu Santo aparezca cada vez que somos tentados. Nuestra tarea es inquirir al Señor, es decir, permanecer en oración. Él nos dice, “Si de veras desean poder para vencer al pecado, necesitan buscarme. Si se acercan a mí con todo su corazón, con honesta diligencia, yo cumpliré en su vida todas las promesas de mi pacto.”

Todos tenemos la capacidad de orar, de leer la Palabra de Dios, y de buscar el pronto regreso de Jesús. Si hacemos estas cosas, Judas declara, que cosecharemos los beneficios de esta oración: " Y a aquel es poderoso para guardaros sin caída, y presentaros sin mancha delante de su gloria con gran alegría" (Judas 24).

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El libertinaje dice:

"no importa lo que hagas en la tierra Dios te va a salvar como quiera, sin importar si eres adúltero, fornicario, mentiroso, idólatra, ávaro, etc., de todos modos ya Cristo murió por ti y nada de lo que haces en la tierra te puede alejar de la salvación ya que fuistes justificado por medio de Jesucristo..."

"eres salvo siempre salvo"

"es imposible perder la salvación"

"Dios te salva sin importar lo que hagas en esta tierra ya que para Dios aunque vivas adulterando y fornicando en realidad no estas pecando ya que fuistes justificado..., en otras palabras Dios te ve sin pecado..."

LAS ANTERIORES, SON IDEAS ERRONEAS DE LOS QUE CONVIERTEN LA GRACIA DE DIOS EN LIBERTINAJE.

Porque algunos hombres han entrado encubiertamente, los que desde antes habían sido destinados para esta condenación, hombres impíos, que convierten en libertinaje la gracia de nuestro Dios, y niegan a Dios el único soberano, y a nuestro Señor Jesucristo. -Judas 1:4


Pablo dijo:

¿Qué, pues, diremos? ¿Perseveraremos en el pecado para que la gracia abunde? En ninguna manera. Porque los que hemos muerto al pecado, ¿cómo viviremos aún en él? -Romanos 6:1-2

La gracia de Dios aleja al hombre de la práctica del pecado. La falsa gracia del mundo propone hombres practicantes de pecado creyendo alcanzar el cielo.



I Tes. 5 dice:

4 Mas vosotros, hermanos, no estáis en tinieblas, para que aquel día os sorprenda como ladrón.

5 Porque todos vosotros sois hijos de luz e hijos del día; no somos de la noche ni de las tinieblas.

6 Por tanto, no durmamos como los demás, sino velemos y seamos sobrios.

7 Pues los que duermen, de noche duermen, y los que se embriagan, de noche se embriagan.

8 Pero nosotros, que somos del día, seamos sobrios, habiéndonos vestido con la coraza de fe y de amor, y con la esperanza de salvación como yelmo.

Porque no nos ha puesto Dios para ira, sino para alcanzar salvación por medio de nuestro Señor Jesucristo,




I Corintios 6 dice:

9 ¿No sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No erréis; ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los que se echan con varones,

10 ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los maldicientes, ni los estafadores, heredarán el reino de Dios.

11 Y esto erais algunos; mas ya habéis sido lavados, ya habéis sido santificados, ya habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesús, y por el Espíritu de nuestro Dios.



LA GRACIA DE DIOS PROVOCA UNA SANTIDAD VISIBLE EN ESTA TIERRA PRUEBA DE QUE ESTAMOS UNIDOS A JESUCRISTO.

La nueva vida en Cristo

17 Esto, pues, digo y requiero en el Señor: que ya no andéis como los otros gentiles, que andan en la vanidad de su mente,

18 teniendo el entendimiento entenebrecido, ajenos de la vida de Dios por la ignorancia que en ellos hay, por la dureza de su corazón;

19 los cuales, después que perdieron toda sensibilidad, se entregaron a la lascivia para cometer con avidez toda clase de impureza.

20 Mas vosotros no habéis aprendido así a Cristo,

21 si en verdad le habéis oído, y habéis sido por él enseñados, conforme a la verdad que está en Jesús.

22 En cuanto a la pasada manera de vivir, despojaos del viejo hombre, que está viciado conforme a los deseos engañosos,

23 y renovaos en el espíritu de vuestra mente,

24 y vestíos del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad.

25 Por lo cual, desechando la mentira, hablad verdad cada uno con su prójimo; porque somos miembros los unos de los otros.

26 Airaos, pero no pequéis; no se ponga el sol sobre vuestro enojo,

27 ni deis lugar al diablo.

28 El que hurtaba, no hurte más, sino trabaje, haciendo con sus manos lo que es bueno, para que tenga qué compartir con el que padece necesidad.

29 Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca, sino la que sea buena para la necesaria edificación, a fin de dar gracia a los oyentes.

30 Y no contristéis al Espíritu Santo de Dios, con el cual fuisteis sellados para el día de la redención.

31 Quítense de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritería y maledicencia, y toda malicia.

32 Antes sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo.