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lunes, 27 de abril de 2015

"¿Por qué me llamáis, Señor, Señor, y no hacéis lo que yo digo?" (Lucas 6:46)


Hay gente que no sale de fracaso en fracaso. Toman decisiones por su propia voluntad y no permiten que Dios sea el que rija en todos sus asuntos. Luego que hacen y deshacen, viene a preguntarle a Dios "si es su voluntad esto o aquello" luego que ellos mismos han decidido todo. Como si fuera poco, culpan a Dios de sus fracasos o le acusan de no amarles. Dicen: “clamé y no me oíste, oré y no me respondiste…”  Sin embargo, el camino de la verdadera victoria y prosperidad se encuentra en escuchar a Dios, esperar en él, someterse y ser dirigido. De otra forma juegas a ser un mero religioso.

 "¿Por qué me llamáis, Señor, Señor, y no hacéis lo que yo digo?" (Lucas 6:46)