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miércoles, 26 de agosto de 2009

Dios está cerca del humilde y quebrantado de corazón

Por Edward Vélez

*Todos los derechos reservados


“Yo habito en la altura y la santidad, y con el quebrantado y humilde de espíritu, para hacer vivir el espíritu de los humildes, y para vivificar el corazón de los quebrantados”. ―Isaías 57:15


Sobresalía en la vieja foto la ilustración de una pequeña casita rústica y tosca. Se trataba de la primera casita donde vivía mi familia. La foto era tan antigua que ya se desmerecían los colores de la misma. Me sorprendía el hecho de que antes que yo siquiera hubiera nacido las cosas en mi casa eran muy diferentes.


Cuando apenas tuve conciencia de mi niñez lo que perdura en mi mente es el escenario de la ya construidas casa de cemento sólido y de bonita apariencia. Por eso me sorprendía la foto que me había enseñado mi mamá. Presentaba el cuadro de otra realidad social. Ya había pasado toda una generación desde ese entonces. El país donde vivo, sufrió grandes cambios sociales en el último siglo. Se trata de la pequeña isla caribeña de Puerto Rico. En el año 1898 éramos propiedad española hasta que tuvo lugar la guerra hispano-norteamericana que nos ubicó bajo el dominio yanqui. El convenio denominado “la paz de París” confirmó nuestra pertenencia a los Estados Unidos de América.


Eso nos condujo a que en el 1917 se nos brindara la ciudadanía norteamericana. Sin embargo, Puerto Rico era reflejo de mucha pobreza. Predominaban las casitas rústicas hechas de palos de madera. Casas que no eran muy agradables a la vista. No habían muchos lujos, la ropa que usaban era sin muchos adornos y la gente tendía dedicarse a la agricultura para sobrevivir. Realmente la comida escaseaba y las familias eran enormes. Se vivían tiempos muy difíciles en ese entonces me relataron mis ancestros.


Algo me llamó la atención de la foto. Mi mamá aparecía junto a la cabaña con una enorme sonrisa. Sonrisa que testificaba que a pesar de los tiempos difíciles existía alegría y calor familiar. No fue hasta mediados de siglo XX que se comenzaron a ver cambio positivos en cuanto a la situación económica del país. Nuevas relaciones políticas, compromisos de desarrollo social, y grandes cambios estarían por ocurrir.


Antes del dominio norteamericano en mi isla predominaba una sola religión, la que heredamos de España. Pero bajo el dominio americano, el país tuvo otras alternativas de fe como pentecostales, bautistas, metodistas, presbiterianos y otras denominaciones protestantes. Estas alternativas que le fueron brindadas a mi pequeña isla vinieron en la hora de pobreza cuando todavía el país no había sufrido el cambio económico-social de mediados de siglo pasado.


Algo que no puedo olvidar es que en medio de la humilde situación económica que vivió mi país y mi familia, siempre predominaba la sonrisa en el rostro de ellos.


La mirada de Dios sobre los pobres


En la difícil hora de la prueba y la necesidad, sea física, social, económica o espiritual; Dios siempre extiende su mano a favor de sus hijos. Una de las cosas que más me impacta de Dios es que extiende sus brazos de misericordia sobre la sociedad que le recibe. Cada una de nuestras vidas son para él como humildes cabañas que él quiere venir a visitar. A mucha gente le suena rara la idea que Dios venga a la casa de un pobre. La sociedad moderna inundada de materialismo tiende a crear sus grupos de “gente próspera” y a excluir a los pobres. Incluso, muchas iglesias se han llenado de filosofías materialistas enfocadas en el dinero y la prosperidad material. Lugares donde los pobre y humildes se sienten incómodos y hasta señalados como de “fe escaza” al no tener ventajas económicas y de gente pudiente. Sin embargo, la justicia de Dios no discrimina contra un pobre sino que los recibe de igual forma. En Dios siempre habrá lugar para los pobres.


Un rico y un pobre ante Dios


A la hora de Dios visitar tu cabaña o tu casa, él no pondrá su mirada en tus bienes terrenales sino que lo que a él le interesa es tu vida misma. Se nos advierte en la Biblia que Dios recibe de igual forma tanto al rico como al pobre sin distinción de personas. Se no dice:


“Hermanos míos, que vuestra fe en nuestro glorioso Señor Jesucristo sea sin acepción de personas. Porque si en vuestra congregación entra un hombre con anillo de oro y con ropa espléndida, y también entra un pobre con vestido andrajoso, y miráis con agrado al que trae la ropa espléndida y le decís: Siéntate tú aquí en buen lugar; y decís al pobre: Estate tú allí en pie, o siéntate aquí bajo mi estrado; ¿no hacéis distinciones entre vosotros mismos, y venís a ser jueces con malos pensamientos? Hermanos míos amados, oíd: ¿No ha elegido Dios a los pobres de este mundo, para que sean ricos en fe y herederos del reino que ha prometido a los que le aman?” 1


Para Dios resulta en una abominación cuando el hombre enfatiza en juicio sobre otro hombre por considerar sus bienes terrenales y excluir a los necesitados. El hacer este tipo de acepción de persona es algo que Dios no soportará ni sufrirá sino que dará honra al humilde y humillación a los soberbios.


Un cajón de madera


Existe una gran contradicción entre la gloria de la riqueza en los cielos y las cosas perecederas de la tierra. Todo en esta tierra está sujeto a corrupción. No existe piedra preciosa en el planeta que sea inmarcesible o que sea eterna. Existe un mejor lugar en los cielos donde existe toda clase de piedra preciosas y que su belleza es por los siglos de los siglos. De ese lugar de esplendor provino Jesucristo, siendo el rey del universo. Sin embargo, su misión era y es salvar a los pobres y llevarlos a las riquezas de Dios. Siendo todo Dios vino como hombre, y no solo eso, estuvo dispuesto a visitar el lugar más humilde entre todos ellos. El lugar más humilde se convierte en un lugar de esplendor cuando es Dios el que visita.


Quién lo diría que el Dios del universo hiciera su nacimiento en un pesebre.2 Un cajón de madera donde comen los animales. A veces esta realidad se convierte en un misterio y en un enigma para la mente humana. Como dijo Isaías, a veces los primeros en entender no son los que se supone sean el objetivo del mensaje:


El buey conoce a su dueño, y el asno el pesebre de su señor; Israel no entiende, mi pueblo no tiene conocimiento. 3


El dueño y señor del universo vino a nosotros de forma humilde. No se nos presentó con vestidos reales ni en los palacios de la tierra. Sino que nos enseñó el camino de la verdad, la pureza, la santidad y el servicio. Esta verdadera gloria y realeza a menudo le resulta increíble a los hombres.


El vino a vivificar el corazón de los quebrantados


Algo que admiro del Creador es el hecho que su misión es dar vida, incluso a los más pobres. La pobreza real que posee un hombre es estar lejos de Dios y del fundamento de su Palabra. Pero la buena noticia es que Dios se ha acercado a nosotros por medio de su Hijo. Es necesario que Dios se acerque cada día más a nuestra pequeña casa. A Dios no el impresiona si vives en un palacio construido de perlas o si simplemente vives en una choza hecha de manera rústica. Lo que a Dios le interesa es que tu deseo sea para con él, porque de esta forma el de él será para contigo.


Dios quiere visitarte


En una ocasión el Hijo de Dios recorría por las ciudades de Palestina haciendo maravillas y proezas. La multitud era mucha y rodeaba al Señor. Pero había un hombre pequeño de estatura que tenía el deseo de ver a Jesús y conocerle. A veces existen obstáculos físicos que impiden que una persona vea a Jesús, otras veces es a causa de los obstáculos que ponen otros en el camino que ese encuentro entre Dios y un hombre no se da. Se nos dice en el libro de Lucas que el hombre de nombre Zaqueo subió a un árbol sicómoro para de esta forma estar más alto que los obstáculos y poder ver al Maestro. Pero algo sucedió, más que simplemente verle a la distancia, Jesús se fue acercando a aquel árbol y le dijo:


“Zaqueo, date prisa, desciende, porque hoy es necesario que pose yo en tu casa”. 4


Lo que muestra esta historia es que Dios conoce el corazón del hombre que realmente quiere ver a Dios. No importa si es pecador, pobre o rico. Lo que a Dios le interesa es venir a morar dentro del hogar. Así lo hizo, la salvación vino a morar en la casa de aquel hombre y no solo reconoció todos sus pecados sino que buscó la manera de enmendar todos sus errores. Cuando un hombre recibe en su casa al Hijo de Dios, inmediatamente comienza una transformación de adentro hacia afuera.


La fortaleza del pobre


Cuando Dios está fuera de nuestras casas, de nuestra vida, es el momento cuando escasean las fuerzas. Es el momento cuando los vientos contrarios derriban todo a su paso en las experiencias contrarias y diversas de la vida. Cuando dentro de nuestras cabañas lo que reina es la aflicción, la violencia y la destrucción lo que necesitamos es un verdadero salvador. Ese es el momento que debemos dirigir nuestra mirada a Jesucristo. En Isaías se nos dice:


“Por esto te dará gloria el pueblo fuerte, te temerá la ciudad de gentes robustas. Porque fuiste fortaleza al pobre, fortaleza al menesteroso en su aflicción, refugio contra el turbión, sombra contra el calor; porque el ímpetu de los violentos es como turbión contra el muro.”5


Cuando pensamos que la tormenta en nuestra vida no hay quien la soporte, al traspasar al otro lado, nos damos cuenta que tenemos refugio en Dios. Sin embargo, las tormentas continuarán presentándose en nuestra vida, pero tendremos la seguridad que en medio de todas ellas, Dios estará a nuestro lado.



1 Santiago 2:1-5

2 Lucas 2:7

3 Isaías 1:3

4 Lucas 19:5

5 Isaías 25:3-4