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domingo, 7 de febrero de 2010

Comezón de oír profetas y profecías nuevas

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Dice la Biblia que en los postreros tiempos la gente tendría comezón de oír. Las sectas modernas se nutren de ese comezón de oír de la gente. Se han levantado líderes que han escrito literatura diferente a la Biblia y han usurpado el lugar de la verdad bíblica para conducir a la gente en otra dirección.


Dice II Timoteo 4:3-4:


“Porque vendrá tiempo cuando no sufrirán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oír, se amontonarán maestros conforme a sus propias concupiscencias, y apartarán de la verdad el oído y se volverán a las fábulas”.


Comezón de oír, no es otra cosa que el ir en búsqueda de cosas nuevas, interesantes o curiosas que estremezcan los sentidos de la gente. Lo trágico del “comezón de oír” es que no encuentra suficiente lo que Dios dice en su Palabra, pero va en búsqueda de cosas nuevas. Es el momento cuando los espíritus de error se aprovechan para traer esas “nuevas verdades”.


No es raro ver a una persona envuelta en una secta, tocando puertas y pretendiendo hacerle ver a la gente que sus revistas y literatura es la Palabra de Dios. Mensajes basados en los puntos tergiversados de líderes errados como por ejemplo: Rusell, Smith y White. Pero esto no son los únicos, ya que “muchos falsos profetas han salido por el mundo” (I Juan 4:1) (II Juan 1:7)


¿Qué son las “nuevas verdades”?


Las nuevas verdades no son otra cosa que mentiras. Son añadiduras y tergiversaciones del mensaje cristiano. Son orientaciones dadas al mensaje cristiano que pervierten las verdades básicas para ir en pos de cosas extrañas y venenosas. Entre estas están: el afán por las riquezas matizadas de prosperidad bíblica, la visualización oriental matizada de fe cristiana y el chamanismo moderno matizado de profecía bíblica.


Dice la Biblia:


“…por cuanto no recibieron el amor de la verdad para ser salvos. Por esto Dios les envía un poder engañoso, para que crean la mentira, a fin de que sean condenados todos los que no creyeron a la verdad, sino que se complacieron en la injusticia”. (II Tes. 2:10-12)


Hay unos pilares puestos por Dios para la edificación de su iglesia. Primero tenemos la piedra angular la cual es Cristo. El es la base del fundamento. Luego tenemos la ley y los profetas. Dios nos ha dado su Palabra la cual refleja su voluntad. Si nos dirigimos por ella no andaremos a la deriva.


Dice:


Lámpara es a mis pies tu palabra, y lumbrera a mi camino (Salmo 119:105)


En la Biblia tenemos la voluntad de Dios para nuestra vida, tenemos las palabras dadas en su ley y tenemos la enseñanza de los profetas. Como si fuera poco, tenemos las verdades apostólicas que nos guían a toda verdad.


Si los pastores, maestros y evangelistas se guían por medio de esa verdad, no andarán errantes y sin rumbo.


Profetas y profecías


Creo que Dios sigue hablando hoy al igual que ayer, pero ese hablar de Dios tiene que ser el mismo ya expresado en la Biblia.


Mas si aun nosotros, o un ángel del cielo, os anunciare otro evangelio diferente del que os hemos anunciado, sea anatema. (Gá. 1:8)


El enemigo de las almas sabe que mucha gente se deja llevar por experiencias extra-sensoriales y se fanatizan de tal forma que no prueban los espíritus sino que dan todo como cierto. El enemigo sabrá usar esa arma para exaltar la codicia, la avaricia, la vanagloria y la soberbia de la gente de tal forma que crean a la mentira y rechacen la verdad.


Amados, no creáis a todo espíritu, sino probad los espíritus si son de Dios; porque muchos falsos profetas han salido por el mundo. ( I Juan 4:1)


El afán moderno de encontrar nuevas verdades hace que mucha gente se conduzca por camino equivocados…


si el profeta hablare en nombre de Jehová, y no se cumpliere lo que dijo, ni aconteciere, es palabra que Jehová no ha hablado; con presunción la habló el tal profeta; no tengas temor de él. (Dt. 18:22)


¿Cuántos profetas has escuchado en los últimos tiempos que han anunciado cosas hasta con fechas que no han tenido lugar? ¿Los toleras y los sigues aun?


Conozco gente que persisten en el error por el simple hecho que están cómodos con los mensajes egocéntricos y halagüeños que los falsos profetas le dan. Han sabido hacerlos parte del grupo de tal forma que no pueden desprenderse de ellos.


Porque dos males ha hecho mi pueblo: me dejaron a mí, fuente de agua viva, y cavaron para sí cisternas, cisternas rotas que no retienen agua. (Jer. 2:13)


Todo aquello que no proviene de Dios resulta en pérdida y en necesidad. Si tu confianza es la Palabra de Dios estas sobre la roca firme, pero si andas tras nuevas cosas fácilmente caerás en la trampa del enemigo.


El corazón perverso de los hombres esta dispuesto a tratar de manipular la profecía


Porque este pueblo es rebelde, hijos mentirosos, hijos que no quisieron oír la ley de Jehová; que dicen a los videntes: No veáis; y a los profetas: No nos profeticéis lo recto, decidnos cosas halagüeñas, profetizad mentiras; dejad el camino, apartaos de la senda, quitad de nuestra presencia al Santo de Israel. (Is. 30:9-11)


Este verso nos dice que el corazón del hombre se puede desviar de tal forma que pretenda dirigir las profecías hacia los fines soñados por la mente humana. Los designios del corazón no son los deseos de Dios. En este tiempo moderno son muchos los que corren de aquí para allá detrás de los “profetas” para que estos les digan lo que tienen que hacer. Cabe preguntarnos, ¿Dónde queda la Biblia? ¿Es la Biblia una segunda alternativa a la hora de pedir dirección a Dios? Tal pareciera que rezagan la Biblia a un lado para ir en pos de “profecías”. Constantemente los profetas mezclan las ideas de su mente con lo que se supone sea un mensaje espiritual y desvían al pueblo del blanco y propósito.


Debemos tener cuidado y no caer en las redes de la avaricia. No pretendamos andar tras profetas para que anuncien nuestra prosperidad cuando ya Dios ha establecido en su Palabra todo lo referente a lo que la prosperidad es y como se consigue, ya que el enemigo esta siempre alerta buscando la manera de engañar y traer toda clase de confusión.


Me regocijaré en tus estatutos; no me olvidaré de tus palabras (Salmo 119;16)