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jueves, 2 de septiembre de 2010

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Protege la iglesia de los lobos infiltrados (clic aquí)



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¿Debemos los cristianos guardar silencio al ver al enemigo venir contra la iglesia?


Algunos preguntan, basándose en la parábola del trigo y la cizaña, si los cristianos debemos identificar a los perversos que se introducen dentro del cuerpo de Cristo, pero que no son parte del Cuerpo.


El trigo crece junto con la cizaña eso es cierto. Sin embargo, no por eso nos vamos a callar y dejaremos de delatar a los falsos. Dice:


Yo conozco tus obras, y tu arduo trabajo y paciencia; y que no puedes soportar a los malos, y has probado a los que se dicen ser apóstoles, y no lo son, y los has hallado mentirosos. (Apocalipsis 2:2)


En III Juan 1:9-10 los apóstoles identifican por su nombre a ciertos enemigos del evangelio que se habían introducido dentro de la iglesia y desde el mismo seno de la iglesia servían de estorbo al evangelio y se oponían a los apóstoles. Como si fuera poco, controlaban la iglesia. Los apóstoles no se quedaron callados y dieron su voz de alerta. Dice:



Yo he escrito a la iglesia; pero Diótrefes, al cual le gusta tener el primer lugar entre ellos, no nos recibe. Por esta causa, si yo fuere, recordaré las obras que hace parloteando con palabras malignas contra nosotros; y no contento con estas cosas, no recibe a los hermanos, y a los que quieren recibirlos se lo prohíbe, y los expulsa de la iglesia. (III Juan 1:9-10)


Cuando Pablo le escribe a Timoteo, le menciona por su nombre a un opositor que se dedicaba a interponerse a la predicación haciendo muchos males al apóstol. Dice:


Alejandro el calderero me ha causado muchos males; el Señor le pague conforme a sus hechos. (II Timoteo 4:14)


El que la cizaña crezca junto con el trigo no significa que debemos guardar silencio, sino que debemos reconocer que el enemigo siempre se va a oponer pero seguiremos en pie de lucha.


Amados, por la gran solicitud que tenía de escribiros acerca de nuestra común salvación, me ha sido necesario escribiros exhortándoos que contendáis ardientemente por la fe que ha sido una vez dada a los santos. (Judas 1:3)


Finalmente, Dios promete hacer la separación entre lo verdadero y lo falso. Dice:


Su aventador está en su mano, y limpiará su era, y recogerá el trigo en su granero, y quemará la paja en fuego que nunca se apagará. (Lucas 3:17)


No soy pastor, sin embargo, es mi deber que al ver a un lobo, le aperciba a las ovejas para que no perezcan. ¿Qué utilidad tiene un pastor que no protege las ovejas? ¿Qué utilidad tiene un atalaya que cierra su boca al ver al enemigo venir?

Dios nos describe por medio del profeta Isaías el cuadro de aquellos que se suponen aperciban y den voz de alerta, en cambio guardan silencio. Dice:


Sus atalayas son ciegos, todos ellos ignorantes; todos ellos perros mudos, no pueden ladrar; soñolientos, echados, aman el dormir. Y esos perros comilones son insaciables; y los pastores mismos no saben entender; todos ellos siguen sus propios caminos, cada uno busca su propio provecho, cada uno por su lado. Venid, dicen, tomemos vino, embriaguémonos de sidra; y será el día de mañana como este, o mucho más excelente. (Isaías 56:10-12)

¿Guardaremos silencio o llevaremos la voz de alerta?

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