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miércoles, 24 de diciembre de 2014

Perderlo todo para ganar a Cristo



Dice el apóstol:

"Pero cuantas cosas eran para mí ganancia, las he estimado como pérdida por amor de Cristo. Y ciertamente, aun estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por amor del cual lo he perdido todo, y lo tengo por basura, para ganar a Cristo". Filipenses 3:7-8

¿Qué fue lo que el apóstol encontró en Cristo que quiso dejarlo todo por seguirlo a él y entregarle su destino? De alguna manera Dios se le reveló en el corazón y le mostró que Cristo y la herencia celestial es más valioso que todos los reinos de este mundo. Cristo es más valioso que cualquier cosa que el hombre pueda anhelar o tener como un tesoro. A menudo encontramos a muchas personas en este mundo que encuentran cualquier excusa o pretexto para no seguir los caminos de Dios porque hay cosas, hay ataduras y cosas que ellos tienen en estima que si vienen a Jesucristo son consideradas inapropiadas. Cristo nos llama a dejarlo todo por seguirle a él. Nos llama a salir de este mundo y todos sus espejismos y engaños de luces de colores. El sentir de la carne es muerte pero el Espíritu es vida y paz. El apóstol vio que Cristo es el verdadero destino que debe tener un hombre que desea la vida eterna. En cambio todos los caminos de placeres, ambiciones, riquezas ilusorias, vanagloria de la vida, caminos diversos que apartan de Dios, todos y cada uno conducen a la muerte, al lugar de tormento eterno. En Cristo hay una morada, hay una casa, hay una herencia celestial, en cambio en el mundo hay un destino terrible que les espera a todos aquellos que nunca supieron valorar al Cristo que tuvo el amor de morir en una cruz por todos nosotros. Abrazar a Cristo e ir en pos de él es ir en pos de la vida, pero despreciar su camino es ir directo al algo de fuego, un lugar real de castigo para todos aquellos rebeldes que menospreciaron la corrección. Escojamos la vida y no la muerte, pues luego de este cuerpo presente nos encontraremos con la realidad, con el fruto eterno de lo que sembramos en la tierra. 


Cuando el Hijo del Hombre venga en su gloria, y todos los santos ángeles con él, entonces se sentará en su trono de gloria,y serán reunidas delante de él todas las naciones; y apartará los unos de los otros, como aparta el pastor las ovejas de los cabritos.Y pondrá las ovejas a su derecha, y los cabritos a su izquierda. Entonces el Rey dirá a los de su derecha: Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo...” (Mateo 25:31-34)