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jueves, 29 de mayo de 2014

“Pero tengo contra ti, que has dejado tu primer amor…”



Cuando un novio está enamorado de su apreciada novia hace todo lo necesario por estar puntualmente en el lugar de encuentro. Si la novia le pide que le visite a las 6:00 p.m. el novio lleno de entusiasmo llega a las 5:30 p.m. sin que nadie lo obligue. Ese entusiasmo es parte de ese primer amor que envuelve al que ama de forma sincera. Sin embargo cuando sucede lo contrario, es decir: dejadez, demora, indiferencia y cosas semejantes a estas son síntomas de que algo no anda bien en la relación. Dios compara a su iglesia con la amada que espera a su amado y espera de ella amor ferviente. Cuando no es así, Dios expresa su descontento y dice:

 "Pero tengo contra ti, que has dejado tu primer amor. Recuerda, por tanto, de dónde has caído, y arrepiéntete, y haz las primeras obras; pues si no, vendré pronto a ti, y quitaré tu candelero de su lugar, si no te hubieres arrepentido." (Apocalipsis 2:4-5)

 ¿Demuestra un primer amor aquel que llega siempre tarde a sus citas con Dios? No creo. Mucho menos tienen la dignidad para juzgar a otros. ¿Podrán servir de motivación aquellos que demuestran con sus hechos lo desmotivados que se encuentran? Hablan de fe ferviente, una fe que ellos mismos desconocen. Hablan de un primer amor, un amor que ellos mismos no practican. Pero a menudo se convierten en jueces o se consideran a modo farisaico superiores a otros quedando en evidencia su ignorancia. La salida a todo este dilema es una sola, volver en amistad con Dios y arrepentirse de su religiosidad, más bien entregarle a Dios sinceridad y búsqueda genuina y no espectáculos de apariencias. Al fin y al cabo el hombre no engaña a Dios sino a sí mismo.