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martes, 25 de mayo de 2010

Padre nuestro... hágase tu voluntad

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Jesucristo fue el primero en ser el modelo para los hombres de la voluntad de Dios. Estando en condición de hombre les mostró a sus seguidores la manera correcta de orar, vivir, obrar, y dirigirse en todos sus asuntos para con Dios y para con los hombres. Siendo el rey del universo no vino a hacer alardes de grandeza sino a servir y demostrar su realeza por medio de hacer el bien a otros. Jesucristo sentó el ejemplo de uno que reconoce a Dios y acata su voluntad. No vino a imponerse ni a hablar en soberbia, vino a ser eco de las palabras del Padre. Su voz reflejaba la voz del Padre. De la misma manera espera que todos los que le aman sean sumisos y guarden sus mandamientos y acaten su voluntad.


Dios busca gente simple que deseen moldearse a él obedeciendo sus mandamientos. Todo aquel que desee ser considerado amigo de Dios, debe primero hacer lo que Jesús quiere que haga.


Dice:


Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando. (Juan 15:14)


Si decimos que amamos a Dios y anhelamos estar juntos a él por la eternidad, entonces debemos obedecer sus palabras.


Al que venciere, le daré que se siente conmigo en mi trono, así como yo he vencido, y me he sentado con mi Padre en su trono. (Apoc. 3:21)


Dios no sentará en su trono a personas que no representen la naturaleza divina ni que carezcan del fruto del Espíritu.


Alguno podrá decir, Dios está en los cielos...


Sí, es cierto que Dios mora en los cielos, pero a la vez es omnipresente y ha puesto siervos para que la gente pueda escucharles y dirigirse. Dice en Lucas que un hombre estando en el lugar de tormento clamaba pidiendo que se le advirtiera a sus familiares en la tierra para que no llegaran al tormento como él. Dice:


Entonces le dijo: Te ruego, pues, padre, que le envíes a la casa de mi padre, porque tengo cinco hermanos, para que les testifique, a fin de que no vengan ellos también a este lugar de tormento. Y Abraham le dijo: A Moisés y a los profetas tienen; óiganlos. Él entonces dijo: No, padre Abraham; pero si alguno fuere a ellos de entre los muertos, se arrepentirán. Mas Abraham le dijo: Si no oyen a Moisés y a los profetas, tampoco se persuadirán aunque alguno se levantare de los muertos. (Lucas 16: 27-31)

Probablemente Dios escoja hablarnos por medio de la Biblia, por medio de un humilde siervo. Al instrumento simple que Dios use debemos oír, no sea que estemos siendo rebeldes a la voz de Dios.


Las palabras de los sabios son como aguijones; y como clavos hincados son las de los maestros de las congregaciones, dadas por un Pastor. (Ecl. 12:11)


Si Dios te habla, no te expreses a la defensiva, se humilde y obedece, pues en la obediencia se encuentra la bendición, en cambio en la desobediencia reina la muerte.


Jehová el Señor me abrió el oído, y yo no fui rebelde, ni me volví atrás. (Is. 50:5)


¿Somos sumisos y humildes a Dios o somos rebeldes?


¿Sometemos nuestros pensamientos a la obediencia a Cristo o sencillamente creemos que es nuestro ego el que debe reinar y que todo alrededor debe postrarse ante nosotros?


Si Dios al usar a siervos humildes para amonestarnos tendemos a enfadarnos, incomodarnos y nos comportamos de forma soberbia y altanera, ¿estaremos en la posición de someternos a Dios cuando ni siquiera podemos mirar a Dios por medio de los ojos de un niño?


Dice:


En cuanto a mí, veré tu rostro en justicia; Estaré satisfecho cuando despierte a tu semejanza. (Salmo 17:15)

La verdadera satisfacción la encuentra el hombre no viviendo en el egoísmo de la mente humana, ni en las obras de la carne sino muriendo al viejo hombre y siendo llenos del Espíritu donde se encuentra la vida y la paz.

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