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miércoles, 14 de abril de 2010

El precio de los diamantes de sangre

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Por: MªÁngeles Saavedra Asturias

¿Cuál es el precio de un diamante? Sería sencillo determinarlo con cifras, pero la muerte, la sobre explotación y demás injusticias que atentan contra los derechos humanos están presentes en algunos de los diamantes que han llegado al mercado internacional. Sierra Leona es cuna de este tipo de gemas, los denominados: diamantes de sangre.

“Un diamante es para siempre”. Con ese eslogan, el gigante empresarial De Beers originaba una campaña mediática internacional que vincularía en la mente de la sociedad capitalista de consumo, la idea de que un diamante es sinónimo de eternidad, fidelidad y en definitiva, de amor.

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Pocas son las personas que inocentemente acuden a la joyería y se cuestionan sobre los orígenes del diamante que van a comprar. Cierto es que la mayoría de los diamantes proceden de zonas no conflictivas, pero existe un porcentaje de entre ellos que son denominados “diamantes de sangre”, debido a su ilícita y violenta manera de extracción, así también como por sus fines de financiación de conflictos.

El “Proceso de Kimberley” obliga a los gobiernos que lo componen certificar que los diamantes en bruto proceden de zonas libres de conflicto. Son ya más de 70 países los componentes.

Naciones Unidas ha tratado de controlar la exportación de este tipo de gemas, muchas veces en vano, tal como se descubrió posteriormente a los atentados del 11-S, ya que se sabe que los diamantes de sangre contribuyeron a la financiación de material para Al Qaeda que posteriormente fue utilizado en los atentados de Nueva York.

Podríamos decir que la Unión Nacional para la Independencia Total de Angola (UNITA) y el Frente Revolucionario Unido (FRU) en Sierra Leona son los dos grupos principales de conflicto involucrados en el tráfico de diamantes de sangre.

Los diamantes de Sierra Leona

“Ismael Dalramy perdió las manos en 1996 a consecuencia de dos rápidos hachazos”. Así comienza el libro, escrito por Greg Campbell, titulado Diamantes Sangrientos.

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Las barbaridades ocasionadas por el FRU pasan por mutilaciones, asesinatos, violaciones, secuestros, etc., que atentan directamente contra los principios de la Declaración Universal de Derechos Humanos. También se da la aparición de niños-soldado, niños capturados y secuestrados por parte del FRU, arrancados de las manos de sus padres para combatir directamente con el Frente Revolucionario Unido. Les harían un lavado de cerebro a fin de que entendieran que debían colaborar para ellos.

Desde que se descubrieron en 1930 las minas de diamantes en Sierra Leona, estas han sido caldo de cultivo para las más violentas atrocidades. En marzo de 1991, el FRU, en calidad de grupo armado revolucionario, opositor directo contra las directrices del gobierno de Sierra Leona, originó una rebelión, dirigida por Foday Sankoh que desencadenaría en una aparentemente interminable guerra civil que se costó la vida de entre diez y quince mil civiles, así también como la mitad de la población del país (dos millones de personas) se ha tenido que ver desplazada en algún momento del conflicto.

El FRU se apoderó de las minas de diamantes para de ese modo financiar las armas empleadas durante el conflicto. De este modo, algo tan valioso como son los diamantes de sangre y que podrían significar una gran aportación de capital al país, resulta ser una de las peores desgracias para Sierra Leona, siendo motivo de disputas y conflictos bélicos.

En mayo de 1997 tomaron la capital, Freetown, con intención de apoderarse del país entero. Así pues, Sorious Samura, director del documental Cry Freetown, comenta: “Gran parte de nuestra riqueza ha provenido de algo que la mayoría de la gente apenas conoce.[...] Ha desgarrado Sierra Leona en una sangrienta guerra civil, debido al hecho de que quien lo controla, controla el país. Ese algo son los diamantes”.

Antes del finalizar la década, las repercusiones de la guerra del FRU se extenderían por todo el mundo, lo que ocasionaría una reacción de más de treinta países que enviarán tropas en un intento pacificador de controlar la situación. Esto originaría una infinidad de comentarios en torno a las políticas de exportación de diamantes por parte de los países desarrollados que luego comercializarían con ellos. Hasta qué punto merece la pena un diamante, si la vida de una o varias personas es el precio de cada uno de los diamantes extraídos en Sierra Leona.

El 14 de enero 2002 se puso fin a las hostilidades, gracias al apoyo de la comunidad internacional y con ello termina la guerra civil. A pesar del fin de la guerra, los problemas socioeconómicos que la provocaron aún persisten en Sierra Leona y ciertas personalidades temen el rebrote de la violencia. Tal como relata Campbell, el FRU cortó los brazos de Ismael Dalramy “para transmitir el mensaje de que la gente sin manos no podría votar a quienes se le oponían”. El 14 de mayo de ese mismo año, “Dalramy esperó durante horas una larga cola para demostrar que el FRU se equivocaba. Cuando llegó su turno de votar, marcó la papeleta con un dedo del pié”.

El Proceso de Kimberley

El objetivo principal del proceso es evitar que los diamantes de sangre entren en el mercado internacional. Los países componentes se comprometen a controlar la producción y el comercio de estas gemas. Todo ha de estar certificado.

Actualmente, Sierra Leona está en paz, al igual que los demás países africanos que han sido víctimas de conflictos originados por los diamantes: Angola, Liberia y la República Democrática del Congo. Cabe ahora la posibilidad de que estos diamantes sean utilizados con ideas de progreso y no de manera bélica.

La concienciación social de que existen este tipo de gemas, extraídas de una manera forzosa por determinados grupos rebeldes, es vital para entender el verdadero coste de un diamante de sangre, que ya no pasa por su valor económico, sino también por el sacrificio de todas las personas que han contribuido a que ese diamante llegue a las manos de aquel quien lo ha comprado.

Fuente: http://aishasnews.wordpress.com/category/uncategorized/