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viernes, 9 de septiembre de 2011

Prosperidad sí, avaricia no

Barras de oro de los tesoros de los ricos de la tierra



Dice la Biblia:

Por tanto os digo: No os afanéis por vuestra vida, qué habéis de comer o qué habéis de beber; ni por vuestro cuerpo, qué habéis de vestir. ¿No es la vida más que el alimento, y el cuerpo más que el vestido? Mirad las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni recogen en graneros; y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros mucho más que ellas? ¿Y quién de vosotros podrá, por mucho que se afane, añadir a su estatura un codo? Y por el vestido, ¿por qué os afanáis? Considerad los lirios del campo, cómo crecen: no trabajan ni hilan; pero os digo, que ni aun Salomón con toda su gloria se vistió así como uno de ellos. Y si la hierba del campo que hoy es, y mañana se echa en el horno, Dios la viste así, ¿no hará mucho más a vosotros, hombres de poca fe? No os afanéis, pues, diciendo: ¿Qué comeremos, o qué beberemos, o qué vestiremos? Porque los gentiles buscan todas estas cosas; pero vuestro Padre celestial sabe que tenéis necesidad de todas estas cosas. Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas. Así que, no os afanéis por el día de mañana, porque el día de mañana traerá su afán. Basta a cada día su propio mal. (Mateo 6:25-34)

Una corriente falsa que se ha infiltrado en el mundo evangélico moderno lo es el "evangelio de la prosperidad". Se trata de un falso evangelio que tiende a utilizar la Biblia y la teología para enfocarse en las añadiduras. Las añadiduras son aquellas cosas materiales que Dios promete que seguirán a todos los que son fieles a Dios. Siendo que Dios es bueno, él cuida de sus hijos y los prospera. El deseo de Dios es que el hombre prospere en todos los niveles.

Amado, yo deseo que tú seas prosperado en todas las cosas, y que tengas salud, así como prospera tu alma. (III Juan 1:2)

La prosperidad está ligada a las buenas dádivas de Dios sobre los hombres. Esa prosperidad es el resultado de una vida de temor reverente hacia Dios de forma sincera. Cuando el hombre se desprende de todo lo demás y se aferra a Cristo, Dios le bendice. Cuando el hombre quita de su corazón el deseo de riquezas es el momento cuando Dios derrama riquezas. Ese fue el caso del hombre más rico de la tierra llamado Salomón. Dios dice:

Y dijo Dios a Salomón: Por cuanto hubo esto en tu corazón, y no pediste riquezas, bienes o gloria, ni la vida de los que te quieren mal, ni pediste muchos días, sino que has pedido para ti sabiduría y ciencia para gobernar a mi pueblo, sobre el cual te he puesto por rey, sabiduría y ciencia te son dadas; y también te daré riquezas, bienes y gloria, como nunca tuvieron los reyes que han sido antes de ti, ni tendrán los que vengan después de ti. (II Crónicas 1:11-12)

La Biblia es clara en esto. A Dios le desagrada la avaricia, es decir, que el hombre tenga un deseo desmedido de tener cosas.

El "evangelio de la prosperidad" falla cuando propone que Cristo puede ser utilizado. Es decir, crean todo un culto religioso en apariencia dirigido a Cristo pero que en realidad tiene un enfoque en las riquezas, en las posesiones, en los bienes terrenales. Juzga y mide la espiritualidad de la gente por cuanto tiene en el plano físico. Presente a un "Cristo utilizado", es decir, aunque tiene en su boca a Cristo, lo hace con el fin de obtener cosas materiales que no son para cubrir una real necesidad sino para meros deleites o competencia.

Aquellos pastores, evangelistas o "apóstoles" quienes predican la visualización con técnicas orientales, la cuarta dimensión y cosas semejantes a estas, en relaidad conducen a los feligreses a la maldición.

Dice: porque raíz de todos los males es el amor al dinero, el cual codiciando algunos, se extraviaron de la fe, y fueron traspasados de muchos dolores. (I Timoteo 6:10)

El "evangelio de la prosperidad" no se trata de la religión limpia que se aferra a Cristo y se desprende de todo lo demás sino que profesa a Cristo con el propósito de que Dios le de ventaja en planos materiales. No entiende la realidad de un creyente que carezca de recursos económicos y hasta los juzgan de inferiores en fe.

El evangelio de la prosperidad ha proliferado en tiempos modernos debido a que funciona como todo una red piramidal de mercadeo. Tiene a la cabeza un líder que propone toda clase de riquezas materiales y afirma que mientras más sea la cantidad del diezmo y de las ofrendas, mayor será la bendición de la persona que entra en "pactos de fe". De esta manera, el creador de la red crea un imperio que defenderá a toda costa, mientras serán muchos los frustrados al ver que Dios no es un monigote con el cual se puede jugar.

El falso evangelio de la prosperidad desagrada tanto a Dios como aquellos mercaderes que vendían toda clase de cosas en el templo cuando Jesús los visitó y volcó las mesas ante su desagrado afirmando que su casa sería llamada casa de oración y no casa de mercaderes ni de ladrones.

El evangelio de la prosperidad va de la mano con las técnicas cristianizadas de la nueva era, los llamados decretos, la súper fe, maldiciones generacionales, ideas de conquista de la tierra, G-12, visualización, literatura que difunden en librerías cristianas.

El evangelio de la prosperidad es parte del cumplimiento bíblico cuando Dios dice:

Pero hubo también falsos profetas entre el pueblo, como habrá entre vosotros falsos maestros, que introducirán encubiertamente herejías destructoras, y aun negarán al Señor que los rescató, atrayendo sobre sí mismos destrucción repentina. Y muchos seguirán sus disoluciones, por causa de los cuales el camino de la verdad será blasfemado, y por avaricia harán mercadería de vosotros con palabras fingidas. Sobre los tales ya de largo tiempo la condenación no se tarda, y su perdición no se duerme. (II Pedro 2:1-3)

El evangelio de la prosperidad existe no sólo por la avaricia y materialismo de la gente sino también que Dios lo permite para probar a los suyos para hacer una separación entre aquellos que ponen su corazón en las riquezas y aquellos en los cuales sólo Dios reina.

La teología de la prosperidad carece de temor reverente a Dios. El temor reverente envuelve una fe no contaminada con deseos ocultos hacia la avaricia y hacia la competencia material, mucho menos tratar de usar a Cristo o la fe del evangelio para tratar de obtener cosas cuyo fin sea el gastar el deleite y no lo necesario para vivir.

Así que, teniendo sustento y abrigo, estemos contentos con esto. (I Timoteo 6:8)

Esto se distancia mucho de las ideas modernas introducidas que hacen que millares de gente creen cuadros ideales y peguen notas en sus estufas y neveras de descripciones, deseos, imaginaciones y sueños y los repitan una y otra vez "para incubar sueños y traerlos a la realidad". Esto es mera visualización y contaminación de la fe. Cuidado con la nueva era cristianizada.