lunes, 12 de julio de 2010

Creí; por tanto hablé… (Salmo 116:10)

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La Nueva Era tiene la filosofía y la ideología que no existe diferencia entre el Creador y las criaturas. Es decir, afirman que todo es Dios. Cada cosa, árboles, rocas, plantas, la naturaleza, los animales, el hombre y demás son elevados al mismo nivel de deidad. De esta forma, la Nueva Era entrona al hombre en la deidad. El reconocido astrólogo Walter Mercado afirma que usted puede declarar toda clase de cosas para su vida y éstas se harán reales por el simple hecho de la palabra hablada. Los nuevaeristas afirman que las palabras tienen el poder de cambiar todo alrededor. Ellos afirman que el poder procede de la mente humana que rige todas las cosas. Que con hablar positivo usted crea toda una realidad. Estas ideologías las han llevado a conducir a la gente a sugestionarse con toda clase de cosas y pretender obtenerlas por medio del poder de la mente. Han propuesto penetrar toda clase de áreas como: la salud, las finanzas, y todo lo que incumbe al ser humano. Los nuevaeristas afirman que usted para obtener su mundo ideal de persona prospera, sana, productiva, etc., lo que debe hacer es controlar su mente y crear un cuadro ideal donde usted se vea a si mismo como quiere ser. De ésta manera, usted será conducido a confesar con su boca ese cuadro ideal que usted ha creado en su mente. Ellos pretenden crear un lazo entre los pensamientos en su interior y la realidad que lo rodea. Ellos responsabilizan su realidad con lo que usted piensa en su interior. De ésta manera, lo responsabilizan a usted por su pobreza o su riqueza de acuerdo a como usted se proyecta en su interior. Proponen que un hombre puede llegar a ser rico si crea un cuadro de millonario en su interior y lo confiesa día a día. Aseguran que el meramente confesar e incubar en el interior producirá toda clase de cambios en su ambiente. El autor David Yongui Cho afirma en su libro “La Cuarta Dimensión” que los budistas y monjes tibetanos obtienen sus milagros utilizando métodos que los enlazan al poder sobrenatural de los demonios. El propio David Yongui Cho asegura que esa clase de sugestiones que producen cosas milagrosas se basa en una conexión demoníaca. Sin embargo, el propio David Yongui Cho afirma que los cristianos pueden usar métodos similares de sugestión mental para crear la realidad que desean pero en cierta manera trata de cristianizar las mismas practicas que afirma que son demoníacas en los budistas.


La diferencia entre lo que cree el mundo y lo que enseña la Biblia


Parafraseando lo que dice el mundo y lo que dice la Biblia:


El mundo y la Nueva Era dicen:

“Usted es dios puede crear su propia realidad”


La Biblia nos dice:

“Hay un solo Dios al cual podemos clamar para que responda”


El mundo y la Nueva Era dicen:

“Cree y confiese tu realidad y la tendrás”


La Biblia nos dice:

“Clama, ruega y pide a Dios por tus peticiones y él las concederá de acuerdo a su voluntad”


El mundo y la Nueva Era dicen:

“Ordénale al ambiente por medio de las palabras”



La Biblia nos dice:

“Clama a mi, y yo te responderé


La Biblia en ninguna parte conduce al creyente a pretender crear su propia realidad por medio de sugestiones mentales o como si se tratara del fruto de algún poder humano liberado. En cambio, procura que los hombres se humillen ante Dios el cual dará todas las cosas. Dios promete responder, pero no se trata de un Dios que obedece al hombre, sino de un Dios misericordioso que escucha el clamor del hombre y se mueve a misericordia con obras de bien, salud y prosperidad.


La fe distorsionada de la Nueva Era ya introducida en las iglesias hacen una mezcla de técnicas paganas de “confiésalo y recíbelo”. Una fe que por un lado menciona a Jesús, y por otro lado pretende obtener toda clase de cosas usando las mismas técnicas de los budistas tibetanos. De eso trata el libro La Cuarta Dimensión (Paul Yongui Cho). Introduce al creyente en un mundo de técnicas budistas cristianizadas.


Creí; por tanto hablé… (Salmo 116:10)


Los nuevaeristas cristianizados trataran de utilizar toda clase de textos bíblicos que creen justifican sus ideas. Uno de los textos usados lo es el Salmo 116:10. Allí aparece la frase: “Creí; por tanto hablé”. Esa simple frase les sirve a los nuevaeristas para justificar el “confiésalo y recíbelo”. El “confiésalo y recíbelo” pareciera que es una nueva técnica de autosugestión donde se pretende obtenerlo todo y donde no hay lugar nunca para el no.


Mirando el contexto correcto de Dios en el Salmo 116 nos dice:


Amo a Jehová, pues ha oído mi voz y mis súplicas; Porque ha inclinado a mí su oído; Por tanto, le invocaré en todos mis días. Me rodearon ligaduras de muerte, me encontraron las angustias del Seol; Angustia y dolor había yo hallado. Entonces invoqué el nombre de Jehová, diciendo: Oh Jehová, libra ahora mi alma. Clemente es Jehová, y justo; Sí, misericordioso es nuestro Dios. Jehová guarda a los sencillos; Estaba yo postrado, y me salvó. Vuelve, oh alma mía, a tu reposo, porque Jehová te ha hecho bien. Pues tú has librado mi alma de la muerte, mis ojos de lágrimas, y mis pies de resbalar. Andaré delante de Jehová en la tierra de los vivientes. Creí; por tanto hablé, estando afligido en gran manera. Y dije en mi apresuramiento: Todo hombre es mentiroso. ¿Qué pagaré a Jehová por todos sus beneficios para conmigo? Tomaré la copa de la salvación, e invocaré el nombre de Jehová. Ahora pagaré mis votos a Jehová delante de todo su pueblo. Estimada es a los ojos de Jehová la muerte de sus santos. Oh Jehová, ciertamente yo soy tu siervo, siervo tuyo soy, hijo de tu sierva; Tú has roto mis prisiones. Te ofreceré sacrificio de alabanza, e invocaré el nombre de Jehová. A Jehová pagaré ahora mis votos delante de todo su pueblo, en los atrios de la casa de Jehová, en medio de ti, oh Jerusalén. Aleluya. (Salmo 116)


El salmista creyó a Dios por tanto habló. ¿Qué habló? El salmista habló palabras de ruego, súplica, intenso clamor. Se trata de una relación de sumisión a Dios a su voluntad.


La distorsión al Salmo 116:10


Los nuevaeristas usarán dicho texto para justificar que todo lo que usted imagina en su interior puede hacerse realidad por medio de la palabra hablada.


¿Qué enseña la Biblia?


La Biblia nos dice que tenemos un Dios grande que nos da todas las cosas. Si estamos enfermos, podemos ir en oración a Dios y clamar por sanidad y Dios atenderá nuestro clamor y ruego, y nos sanará. Nos habla de un Dios de amor que ha abierto el camino para que el hombre obtenga toda clase de respuesta y salvación de acuerdo a su voluntad para nosotros.


El aguijón de Pablo, las constantes enfermedades estomacales de Timoteo y el sufrimiento de Job


En la Biblia se muestran diversos casos donde se ve claramente que la fe en Dios no se trata de un “confiese y reciba” sino de un “clama y ruega y espera en Dios”. Pablo fue tres veces en oración esperando que Dios hiciera un milagro que cambiara sus circunstancias, en cambio Dios le dijo: “Bástate de mi gracia”. El simple ejemplo de Pablo, para todo aquel que quiere seguir la sana doctrina nos muestra que como creyentes no somos nosotros los dioses ni quien crea o deja de crear sino que nos debemos al Creador para que sea él quien haga. Lo mismo sucede con las constantes enfermedades de Timoteo. Pablo le pudo haber dicho: “Timoteo, no tienes porque estar padeciendo de tu estomago. Lo que debes hacer es sentarte, crea un cuadro mental donde te veas totalmente sano, confiésalo y ya verás como recibes sanidad”. Eso no fue lo que Pablo le dijo, sino: “Ya no bebas agua, sino usa de un poco de vino por causa de tu estómago y de tus frecuentes enfermedades.” (I Timoteo 5:23)


Es muy probable que el uso del vino en tiempos bíblicos fuera por causa de la limpieza. Timoteo poseía un problema de salud serio que lo conducía a estar enfermo constantemente. Esa realidad nos muestra que los creyentes no crean mundos ideales por medio de la palabra hablada. Estar enfermo no es estar en pecado. No somos nosotros nuestra fuente de sanidad sino que tenemos un Dios que nos puede sanar. Podemos hacer buenas decisiones en las cosas que ingerimos o comemos que afectan nuestro cuerpo. Si comes saludable tendrás salud, si comes cosas tóxicas, te enfermaras.


Tres veces he rogado


Pablo nos muestra que la vida cristiana no se trata de una auto creación por medio de la mente. Sino de una dependencia de Dios en todos los asuntos. Los tres ruegos de Pablo nos pueden hablar:


respecto a lo cual tres veces he rogado al Señor, que lo quite de mí. (II Corintios 12:8)


Esos ruegos de Pablo nos dicen que él mismo no pretendía crear su realidad sino que su realidad dependía de Dios. Nos dicen que Pablo no se auto sanaba sino que dirigía a Dios su clamor en espera de respuesta. El mensaje de Pablo es muy diferente y se distancia de las predicas modernas de aquellos que pretenden de forma fantasiosa ilusionar mundos ideales de vidas perfectas y sin aflicciones en los cristianos. También, esos tres ruegos de Pablo nos dicen que frente a toda situación adversa que podamos tener, podemos clamar diversidad de veces y Dios pudiera moverse a misericordia cuando menos uno lo espere. Pero nos dice muy claro, que no es el producto liberado por el poder de la mente provocando algo de forma instantánea. Los tres ruegos de Pablo son una escuela que nos alejan de las falacias de la Nueva Era introducidas en la iglesia de hoy.


El Dios nuestro y nuestra respuesta


El Dios nuestro puede sanarnos, prosperarnos, bendecirnos y darnos todas las cosas cuando nos humillamos y hacemos su voluntad. El puede dar y puede quitar. Es Dios bueno, por lo que a él clamaremos para que atienda nuestro clamor. Él tiene la última palabra.


Sobre el hablar y el confesar


Más que tratarse de métodos de autosugestión como los propuestos por la Nueva Era, el hablar y el confesar bíblico de lo que trata es de predicar a otros y anunciarles el nombre de Jesucristo. Que el mundo conozca que en Cristo hay salvación y vida eterna. El el hablar y el confesar bíblico se distancia mucho de las prácticas del mundo.


Te confesaré en grande congregación; Te alabaré entre numeroso pueblo. (Salmo 35:18)



La fe bíblica


La fe bíblica se nos presenta como el conocer la persona del único Dios todopoderoso siempre dispuesto a escuchar y atender nuestro clamor cuando vamos a él con un corazón sincero, contrito y humillado y le presentamos nuestras peticiones y ansiedades. Dios el Padre responderá a todo clamor hecho por medio del nombre de su Hijo y afectará nuestro tiempo y espacio por medio del Espíritu Santo. Dentro del marco de la fe correcta, él nos dará las cosas que verdaderamente necesitamos y que nos hacen bien. A veces, las cosas que nos hacen bien no son necesariamente lo que pedimos. Es aquí donde está la diferencia entre lo que proviene de Dios y lo que proviene del mundo. Cuando un hombre posee una necesidad genuina, lejos de caprichos y necedades, y se dirije a Dios en oración y súplica, el Dios de misericordia hace el milagro.


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Pedís, y no recibís, porque pedís mal, para gastar en vuestros deleites. (Stg. 4:3)


"Yo declaro que nos hacemos ricos y millonarios en el nombre de Jesús" "Que nuestras cuentas se llenan de dinero de manera milagrosa" -dicen ellos.